Que hoy es Lunes lunero y que no hay nada nuevo bajo el sol y esa es la noticia de hoy. En apariencia no hay nada nuevo, pero si escarbas un poquito, encontrarás tesoros escondidos. Lo que pasa que hay días en que estás vago para excavar o sabes que lo tendrás que hacer, pero aplazas ese momento. La teoría del aplazamiento, esa que me trae de calle y que a veces me destroza. Yo me podía aplicar la famosa frase que dice: "yo aplazo, luego existo" y además mañana será otro día y seguro que será mejor para hacer esto o lo otro. La cuestión es aplazar.
Ya sabéis de que va el tema y sino lo sabéis os lo cuento yo: hoy aplazo porque no me encuentro bien, hoy aplazo porque dormí poco, hoy aplazo porque llueve, hoy aplazo porque me sale de las pelotas y seguro que mañana lo haré mejor. Como si mañana se dieran las condiciones óptimas, como si mañana y por obra de un milagro te murieras de ganas por hacer esas cosas. Lo dicho, aplazamiento descarado. Por todo eso yo de voy en cuando me obligo a cumplir lo planificado.
Porque yo quiero el caos, pero dentro de un orden. Yo amo el caos y en el me siento como pez en el agua, pero con el paso del tiempo, ese caos se convierte en un caos total y absoluto y ahí ya me empiezo a perder. Cuando las cosas pendientes se acumulan de tal manera, es mejor coger papel y lápiz y planificar un plan de ataque. Y lo digo yo, que soy el Rey del caos.
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