Nada, que sigo más perdido que un piel pálida en territorio comanche. No pasa nada, tengo unas cuantas barricas de wiski para dejar cao a los indios. No pasa nada, siempre hay solución para todo, uno se pierde y uno se encuentra, todo es dejarse llevar por tus sentimientos. Dejarse llevar por tus sentimientos, menuda quimera, menuda alucinación óptica. Yo, las veces que me he dejado llevar por ellos, salí trasquilado. Pero bueno hay dejarse llevar un poquito, porque sino nos acabamos convirtiendo en putos vegetales. Pero eso sí, hay que controlarlos, porque los sentimientos son ciegos y a lo mejor hasta te enamoras de una farola.
Un poco de raciocinio, un poco de cerebro, no le vienen tan mal a los sentimientos. Porque ahora ya no, pero en mis viejos tiempos y cuando se fumaban canutos por doquier, según el grado del ciego que tenías te podías enamorar hasta de la fregona. Y si era en un sitio mágico y con una puesta de sol cojonuda, entonces los sentimientos soltaban su melena al viento y venía una suelta de feromonas tan enorme que el ambiente se tornaba en casi irrespirable.
Y entonces confundías sentimientos con sexo y ya no sabías si estabas salido o estabas enamorado. Que por cierto, muchas veces se confunden y en otras, por desgracia las menos, se conjuntan. Vamos, pero os lo puede aclarar mejor, una empresa de éstas que se dedican a programar citas compatibles. Que como estamos en tiempos de rebajas, ya no te miden las parejas por el grado de enamoramiento, te las miden, por la compatibilidad entre las dos personas. O sea si te gusta la música clásica, se supone que a tú nueva amiga, también y si te gusta el cine y tocar la guitarra a las 6 de la mañana, pues más de lo mismo. ¿El amor donde se queda?, pues supongo que guardado en el baúl de los recuerdos. Al parecer lo importante es que los dos hagan lo mismo. Y claro la pregunta del millón: ¿ y no acabarás hasta los cojones de seguir haciendo siempre lo mismo?

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