ME QUIERO...

Decían que Cleopatra era un reina tan bella, que iba rompiendo espejos y de paso algunos corazones, pues yo no soy Cleopatra y rompo también espejos. No por mi belleza natural, si no por mis sentimientos. Me quiero tanto, que rompo los espejos. Y como ya no tengo abuela, me importa todo un pito y por tanto, ya no me corto ni un pelo. También quiero hacia afuera, pero creo que un poquito menos, pues de momento estoy en esa primera fase que dice: me quiero y ya después iré queriendo al resto.

Pero eso sí, no a todos los seres humanos y porque yo no voy de bobalicón que a todo quiere. Yo no voy regalando amores y con buenos sabores, yo voy dando ostias y ostias y hasta que el amor me encuentre o yo lo encuentre. Sin lucha previa, no hay posible amor y esa es mi máxima y además está escrita en mi escudo. Yo digo lo que dicen todos los que no quieren a nadie, yo no te quiero porque no te lo mereces y porque no te lo has ganado a pulso. En la vida todo es fácil, no quieres a nadie por culpa de los demás y ya está, ya tienes la coartada necesaria para no comerte más el coco.

Pero yo siempre quiero más y más y más. También podía decirse que yo me quiero con locura, pero no es verdad. Más bien es, que como yo estoy loco me quiero locamente, si estuviera cuerdo, pues me querría cuerdamente. Y si fuera ciego, me quería ciegamente. Lo dicho, cada uno se quiere como le sale de los cojones o de los ovarios, que a los pobres ovarios los tengo bastante marginaditos, pero que conste en acta, que también los quiero mucho.

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