Me encantan esos mensajes que reivindican que cada uno es como es y que lo que piensen los demás les importa un pimiento. Y me encantan sobre todo, porque ya se sabe que va tanto el cántaro a la fiente que al final, se rompe. Pues eso quiero decir o lo puedo decir de otra manera: que los que cualgan día sí y día también ese tipo de mensajes, en el fondo y en la superficie no se quieren como se debe y además les importa demasiado la opinión de los demás.
Las cosas en la vida no se pueden forzar de esa manera y si eres inseguro, pue dilo que no va a pasar nada por ello, pero no te lances sin paracaídas y diciendo lo contrario. Que sea más bien un deseo, lo entiendo, pero creo que un deseo se expresa de otra manera, menos contundente y menos aseverativa. Yo creo que hay gente que coge éste tipo de frases y se la pone delante y como un objetivo para siempre y tal como hacen los burros con su zanahoria delante. No sé que pasa, pero triunfan éste tipo de frases lapidarias.
Supongo que éste mierda de sociedad fomenta la inseguridad y ante la inseguridad funcionan las consignas y además, dichas en pocas palabras y que suenen en plan martilleo. Cuanto más corto el mensaje y cuanto menos se tenga que leer, pues al parecer más triunfan. A mi no me suelen gustar las frases lapidarias (aunque unas pocas, sí) y porque me gusta el mundo con todos sus matices y esas frases por general, son dogmas de vida. Son como una guía para los descarriados y a ver, me siento mal porque me siento deprimido y busco entre todos los mandamientos de los buenos consejos vitales, cual es el más apto para mi situación actual...Pues éste y porque me dice que la vida es bella y tengo que ser feliz como una perdiz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario