Me da que ya nos conocemos o que ya nos vamos conociendo, que escrito tras escrito yo me voy desgranando a poquitos. Claro que esto es unidireccional y sólo soy yo el que se descubre, pero bueno esa fue mi apuesta, el conseguir desnudarme delante de todo el mundo y sin importarme para nada lo que piensen los demás. Aunque lo de para nada, suena a quimera utópica o a mentira cochina y porque algo siempre importa. Bueno, es un riesgo que corro y yo sé que si uno de mis escritos cae en malas manos, me puede acarrear tener problemas. Pero bueno, todo depende de como te encuentres y como hasta ahora me encontré fenomenal, la verdad es que no me importaba, pero también tengo claro, que no siempre va a ser así.
Por lo menos habré subido el dintel de mis sensibilidades, es decir, si antes me sentía afectado por el mal vuelo de una mosca cojonera, ahora espero que ese mal vuelo de mosca, me sirva de acicate o de reacción. En definitiva, yo digo o quiero no molestarme por los simples improperios que digan los demás y a palabras soeces, oídos sordos o como se diga. Antes iba de tío susceptible y sensiblero y para ello me disfrazaba de pobrecito de los que dan pena. Como se dice, me pasaba el día rogando y poniendo cara de pena.
Y no es que ahora sea un Jabato invencible, pero sí que he subido mi dintel de sufrimiento. Ahora tiene que ser una cosa importante o un insulto agresivo, para que mis nervios de acero se conviertan en rotas cuerdas de arpa. Y como véis algo es algo y algo es menos que nada y lo que parece una puta tontería a veces tiene más importancia que los grandes hitos históricos. Por eso, yo no digo más que lo que digo, que mi umbral del dolor está mucho más arriba y me refiero al dolor del alma, porque de cuerpo más o menos sigue siendo el mismo. De todas formas si uno está fuerte en el alma, pasa que el cuerpo siempre acompaña al alma y por tanto, estás creando dos fortalezas al mismo tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario