Y yo tengo que decir, que yo tengo envidia de muchas cosas y ¿quién no la tiene?. No envidio a las personas perfectas y por una simple razón: porque no son personas, son animales con dos patas y con una sóla idea en su cabeza: ser perfectos. Además yo nunca ví y ya tengo 59 años experiencia, que ese por fuera ser perfecto lo sea también por dentro y para ellos vale el dicho: díme de la que presumes y así sabré de lo que careces. La perfección humana no existe y porque está escrito en nuestro reverso: soy humano y por tanto soy imperfecto. Pero bueno, aún así y todo, hay pavos reales que muestran sus alas ante la muchedumbre, pues es innato a ellos, el tener público y el escuchar esos ¡ohhs! de admiraciones.
Tampoco envidio al tirano, al déspota, al que va de crecidito y se adorna de gestos hitlerianos, al chulo, al machista, al pederasta, al negrero o esclavista, en fin, que no envidio a los que ponen su bota encima de las personas. Pero ahí, no se queda la cosa, porque tampoco envidio al ladilla, al pesetero, al trepa que todo lo trepa, al chivato, al renegado, al traidor de dos caras, al falso amigo, al mecánico, electricista o fontanero que te cobra la hora a 50 euros, al aprovechado, al capullo que se pasa de listo, al emprendedor que quiere vivir del aire, al falso profeta, al fariseo, al mentiroso que tiene cara de oso y en fin, ésta lista se podía hacer interminable.
Pero como diría el otro, ¿Me se entiende?. Yo sólo envidio lo humano, vamos yo envidio a las personas que les sobra de ese material y que de esa guisa no les pase nada mal por la vida. Porque está clara, una cosa, la gente buena y humana tienes todos los boletos para que les caigan las hostias y por eso digo, que envidio a los que son humanos y al mismo tiempo tienen esa virtud escondida del poder salir de rositas. De estos hay muy pocos y aún encima son unos seres humanos en estado de extinción. Es más frecuente ver seres humanos auténticos, pero con su cara hinflada por las hostias y agresiones exteriores. Y yo creo, que pertenezco a éste último sector, pues llevo hostias por todos los lados, pero con una especial diferencia, a cada hostia que me dan, yo se la devuelvo con creces.
Tampoco envidio al tirano, al déspota, al que va de crecidito y se adorna de gestos hitlerianos, al chulo, al machista, al pederasta, al negrero o esclavista, en fin, que no envidio a los que ponen su bota encima de las personas. Pero ahí, no se queda la cosa, porque tampoco envidio al ladilla, al pesetero, al trepa que todo lo trepa, al chivato, al renegado, al traidor de dos caras, al falso amigo, al mecánico, electricista o fontanero que te cobra la hora a 50 euros, al aprovechado, al capullo que se pasa de listo, al emprendedor que quiere vivir del aire, al falso profeta, al fariseo, al mentiroso que tiene cara de oso y en fin, ésta lista se podía hacer interminable.
Pero como diría el otro, ¿Me se entiende?. Yo sólo envidio lo humano, vamos yo envidio a las personas que les sobra de ese material y que de esa guisa no les pase nada mal por la vida. Porque está clara, una cosa, la gente buena y humana tienes todos los boletos para que les caigan las hostias y por eso digo, que envidio a los que son humanos y al mismo tiempo tienen esa virtud escondida del poder salir de rositas. De estos hay muy pocos y aún encima son unos seres humanos en estado de extinción. Es más frecuente ver seres humanos auténticos, pero con su cara hinflada por las hostias y agresiones exteriores. Y yo creo, que pertenezco a éste último sector, pues llevo hostias por todos los lados, pero con una especial diferencia, a cada hostia que me dan, yo se la devuelvo con creces.
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