Hoy, si estoy bravo. Estoy como ese toro que quiere salir al ruedo y para enguiñar de una puta vez a ese payaso que lleva un traje de luces, pero, pero..., pero señores, todo tiene su engaño y antes y en concreto dos días antes de que nuestro querido Toro pueda salir al ruedo, torturan al susodicho y con el fin de que pierda su fuerza y su bravío. O que os pensabáis, ¿que a algunos toros se le doblaban las rodillas porque estaban cansados? o ¿porque tenían un mal día?, o ¿porque su psiquiatra no le hizo ni caso?. Al Toro lo escarallan vivo y para que el del traje de luces se luzca con sus pases magistrales. Y lo que tiene más cojones, es que aún encima se le llame MAESTRO.
Y como vivimos en un país de machotes y tan de machotes, que hasta se nos ocurrió hacernos un Imperio donde nunca se pone el sol, y que yo me sigo preguntando ¿para qué?. Pues debe ser para sentir una sensación de poderío que te cagas y yo soy español y yo soy el amo del puto mundo. Y tengo que suponer que eso pone. Somos y soy de sangre española y a veces me da vergüenza y me da vergüenza, porque los españoles en general se sienten orgullosos de sus desmanes y además, que la Madre Iglesia los haya bendecido. La Iglesia, la puta Iglesia, la que nos jodió nuestra existencia, la que nos dijo: hijos no preocuparos por la sangre derramada, porque es sangre necesaria para conservar nuestros atributos.
Sí, hoy me cago en la Iglesia, en los circos de los toros y además y que quede constancia en acta, en todo lo que se menea. Y porque estoy harto, harto de todo el día metiendo caña y estopa, harto de que me brinden argumentos, harto de sangre inútil y harto de ésta payasada social. Y es que nunca me gustaron los toros y antes de que existieran los animalistas y antes de salir de las catacumbas los comedores de hierbas finas y no tan finas y antes de mi existencia o sea, cuando yo era un Calamar en el mar Adriático.
Y como vivimos en un país de machotes y tan de machotes, que hasta se nos ocurrió hacernos un Imperio donde nunca se pone el sol, y que yo me sigo preguntando ¿para qué?. Pues debe ser para sentir una sensación de poderío que te cagas y yo soy español y yo soy el amo del puto mundo. Y tengo que suponer que eso pone. Somos y soy de sangre española y a veces me da vergüenza y me da vergüenza, porque los españoles en general se sienten orgullosos de sus desmanes y además, que la Madre Iglesia los haya bendecido. La Iglesia, la puta Iglesia, la que nos jodió nuestra existencia, la que nos dijo: hijos no preocuparos por la sangre derramada, porque es sangre necesaria para conservar nuestros atributos.
Sí, hoy me cago en la Iglesia, en los circos de los toros y además y que quede constancia en acta, en todo lo que se menea. Y porque estoy harto, harto de todo el día metiendo caña y estopa, harto de que me brinden argumentos, harto de sangre inútil y harto de ésta payasada social. Y es que nunca me gustaron los toros y antes de que existieran los animalistas y antes de salir de las catacumbas los comedores de hierbas finas y no tan finas y antes de mi existencia o sea, cuando yo era un Calamar en el mar Adriático.
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