MANÍAS

Pues nada, otro día precioso otoñal y mientras siga así yo encantado de la vida, pero tengo que insistir que con un poquito de frío más, yo sería el hombre más feliz del mundo. A éste otoño maravilloso otoño le falta ese puntito y que sería el suficiente para tener que encender mi estufa de leña. Creo que esto ya lo he dicho varias veces, pero si lo he dicho es porque todos los días lo pienso. Cada uno tiene sus putas manías, cada uno busca sus posturas más cómodas, cada uno se la suda de distinta manera y no hay que celebrar ningún congreso para quesea votada por mayoría. En las manías no existen las mayorías y porque sino dejarían de ser manías. Por cierto las manías no dotan de un sello muy especial y en parte ayudan a conformar nuestra propia personalidad.

Por eso a las manías hay que darles su importancia y porque al fin y al cabo, participan en nuestra identificación como personas individuales. Si mi manía de encender la estufa de leña la tuviera todo dios, pues sencillamente dejaría de ser una manía mía y pasaría a ser una costumbre social y al ser una costumbre social, ya estaría contemplada en los programas de los Partidos políticos y al final, una simple manía mía se convertiría en un acto más de las ferias y congresos políticos, vamos que desde el Parlamento se impondría un puto horario de mierda y se enciende en tal fecha y se apaga, en la otra y de tal hora a tal hora.

No señor, a las manías hay que dejarlas en su lugar y sitio. Yo como todo el mundo tengo un largo rosario de manías (o eso me supongo), que en algunas puedo ceder un poco, pero que en otras, tendrían que pasar por encima de mi cadáver. Hombre tampoco me pongo en plan pejiguera, como esos que te dicen que el tubo de pasta de dientes tiene que ser apretado desde su fondo  y que se desquician si alguien no cumple con la norma. Yo me desquicio por cosas más importantes, por ejemplo me desquicio con los imbéciles que andan sueltos, con los estúpidos que se las dan de chulos, pero sobre todo, me desquicio con los descerebrados que pretenden inculcarnos las normas de conviviencia.

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