Día raro el día 4 de Noviembre. Cielo nublado y apagado y no sé que pasa y como pasa, pero la gente simplemente se contagia y son zombis que andan por las aceras como nubarrones negros. No sé si es cara de agobio o cara de enfado o las dos cosas, agobio y enfado, pero a algunos viadantes la cara se le elonga y le roza el suelo. Y eso que empezó bien el día, de buena mañana había sol otoñal y una agradable brisa marina y ahora, se jodió la brisa y se escondió el sol y en ésta Isla estamos en territorio de nadie, pues no calienta el sol, pero tampoco hace frío. Yo llevo días con la leña preparada en un jergón, está bien apilada y hasta le saqué brillo a esos troncos divinos.
Y ésta vez no voy a caer en la precipitación de encenderla ya, habiendo calor. Todas las condiciones están servidas, menos una y que creo que es la fundamental, sin frío, no hay estufa de leña, pero creo que aún así no tardaré mucho en caer en la tentación. No concibo un Otoño y un Invierrno, sin el amado calor de la leña, como no concibo una Primavera sin floración. Cada estación tiene su propio punto y la cuestión está, en encontrarlo, pero una vez descubierto, no hay nada por lo que tener que esperar y me gusta y me entusiasma su calor, pero también su olor. En éstas épocas me parezco a un perro siguiendo pistas oloríficas.
Siempre hablamos de los colores de Otoño, pero también había que hablar de sus intensos y sútiles olores. El olor a castaña asada, me mata. El olor a leña quemada, me pone del revés. Los olores frescos y húmedos del los bosques, me hacen hacer el pino. El olor a setas, me doblega la cabeza y de inmediato, empiezo a hacer salutaciones. Los olores del Otoño son tan suyos como sus colores verdes, amarillos y marrones y para completar su círculo, sólo faltaba esa luz tan original o tan tangencial.
Y ésta vez no voy a caer en la precipitación de encenderla ya, habiendo calor. Todas las condiciones están servidas, menos una y que creo que es la fundamental, sin frío, no hay estufa de leña, pero creo que aún así no tardaré mucho en caer en la tentación. No concibo un Otoño y un Invierrno, sin el amado calor de la leña, como no concibo una Primavera sin floración. Cada estación tiene su propio punto y la cuestión está, en encontrarlo, pero una vez descubierto, no hay nada por lo que tener que esperar y me gusta y me entusiasma su calor, pero también su olor. En éstas épocas me parezco a un perro siguiendo pistas oloríficas.
Siempre hablamos de los colores de Otoño, pero también había que hablar de sus intensos y sútiles olores. El olor a castaña asada, me mata. El olor a leña quemada, me pone del revés. Los olores frescos y húmedos del los bosques, me hacen hacer el pino. El olor a setas, me doblega la cabeza y de inmediato, empiezo a hacer salutaciones. Los olores del Otoño son tan suyos como sus colores verdes, amarillos y marrones y para completar su círculo, sólo faltaba esa luz tan original o tan tangencial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario