Me encantan disquisiones que se hacen entre un jefe, jefe y un jefe líder. Cuando en realidad un jefe es un jefe y su única opción es ser mejor o peor con su personal y bueno y por supuesto, hacerlo bien o mal en la gestión de su trabajo. Yo probé alguna vez a ser jefe de algunas cosas y ahí, pude comprobar que yo no sirvo para ser jefe, pues llegado a un punto y en el que tienes que discernir si una persona es o no válida para el curre, yo siempre me quedaba con su lado más humano y al final, me derretía como un helado al sol. Me faltaba el dar un fuerte y poderoso puñetazo sobre la mesa y así, aposentar mi autoridad.
Claro que me estudié todos los libros de autoayuda que hay para los jefes y todos decían lo mismo: tu autoridad la tienes que demostrar andando y entonces, sí o sí, tienes que ser el mejor. Tienes que ser un jefe estimulante, cooperador, saber escuchar a los demás y demostrar en cada acto tuyo que eres consecuente y eficaz. Pues nada, lo único que conseguí y para eso había que repasar los libros de esa historia, es que la gente me apreciara personalmente, pero que a nivel laboral, que no me hiciera ni puñetero caso. Ya sabéis de que va el tema: caes bien y te tienen aprecio, pero un verdadero desastre a nivle de objetivos laborales.
Pues fue una etapa más de la vida y además tengo que decir, que tenía ganas de saber lo que era. Al final, me demostré a mi mismo varias cosas: que mi trabajo no es mi vida, que mis compañeros son mis compañeros, pero que también tienen su tela, que mis jefes de aquellas eran una panda de capullos, que si no te dedicas con pasión a esa tarea, es mejor dejarlo y salir por patas y que hay demasiadas cosas bonitas en la vida aparte del trabajo. ¡Joder!, que hay que vivir disfrutando, que hay que comerse el mundo y eso requiere un buen aporte de energías y el ser jefe, era como ser una chupona de energía.
Claro que me estudié todos los libros de autoayuda que hay para los jefes y todos decían lo mismo: tu autoridad la tienes que demostrar andando y entonces, sí o sí, tienes que ser el mejor. Tienes que ser un jefe estimulante, cooperador, saber escuchar a los demás y demostrar en cada acto tuyo que eres consecuente y eficaz. Pues nada, lo único que conseguí y para eso había que repasar los libros de esa historia, es que la gente me apreciara personalmente, pero que a nivel laboral, que no me hiciera ni puñetero caso. Ya sabéis de que va el tema: caes bien y te tienen aprecio, pero un verdadero desastre a nivle de objetivos laborales.
Pues fue una etapa más de la vida y además tengo que decir, que tenía ganas de saber lo que era. Al final, me demostré a mi mismo varias cosas: que mi trabajo no es mi vida, que mis compañeros son mis compañeros, pero que también tienen su tela, que mis jefes de aquellas eran una panda de capullos, que si no te dedicas con pasión a esa tarea, es mejor dejarlo y salir por patas y que hay demasiadas cosas bonitas en la vida aparte del trabajo. ¡Joder!, que hay que vivir disfrutando, que hay que comerse el mundo y eso requiere un buen aporte de energías y el ser jefe, era como ser una chupona de energía.
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