DESPEDIDAS

Es rápido y es lento y es rápido el paso del tiempo y es lento, el olvido. Olvidar de esa manera tan superficial, es fácil y porque uno se engaña con lo que quiere y puede y entierra cosas que jamás podrán ser enterradas y porque siempre seguirán vivas en tu mente y en tu alma. Incluso cuando te has despedido de esa persona, se te aparece en los sueños y ya no digamos, en las pesadillas y se disfraza de temores y de miedos. Claro, que eso no quita que tengas que despedirte de alguien que se merece ser despedido y por las buenas y por las malas y porque estoy seguro, que la mochila se te hará menos pesada.

Y yo me despedí de un buen montón de gente, alguna porque yo quería y otra, que no quería, pero como se fueron torciendo las cosas, la despedida era lo más consecuente. Y desde esas despedidas me encuentro mucho mejor y porque me siento más ligero y más claro y más contundente, que a veces viene muy bien ser muy contundente y dar un fuerte golpe en la mesa. Por lo menos, para el EGO  viene muy bien y porque el ego también tiene hambre y necesita que lo alimentes.

Y mira que a mi me atraen los besos, las caricias y las miradas tiernas, pero una cosa no quita a la otra y porque en el fondo a mi lo que más me puede, es el factor TIEMPO. Es decir, si ya no hay besos, caricias, palabras bonitas, deseos inconfesables y miradas derretidas, ¿qué sentido tiene el hacer que las cosas fluyen? y todo, porque hace tiempo habían fluido y todo, por no saber cortar las cadenas a tiempo y en su momento. ¿Qué duele?, pues si duele, pero el dolor sin un fin, duele mucho más y yo del masoquismo como que paso, bueno, me gustan las cadenas oxidadas, los látigos que acaban en punta de diamantes, los collares de púas y me entusiasma el cuero negro....pero me gustan en su momento y lugar...y nada más.

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