Yo nací así de simple.
Un día fui parido y con nombres y apellidos
y lo primero que hice al nacer
fue llorar como un desconsolado.
Después mis huesos fueron creciendo
mientras mi mente era una máquina receptora.
Y fui feliz en mi infancia
a pesar de todos los imponderables y trabas
que ponía mi madre
que no eran fáciles de ser esquivados
pero para eso tenemos la imaginación
para imaginarse mundos paralelos en los peores días.
Por tanto, mi querida psiquiatra
tuve una infancia feliz
aunque de mucha lucha
pero es que no se puede ser feliz
sin antes haber luchado.
Y no se preocupe más por mí
porque yo tenía una herida de la infancia
que apenas cicatrizaba y estaba viciada
se llamaba, violencia,
pero creo y estoy seguro de ello,
hace años que la he superado.
Ahora enseño todo ufano
la quietud de mi paz interior.

No hay comentarios:
Publicar un comentario