Afganistán. Un país que históricamente ha servido de campo de batalla para potencias mundiales y aprendices de estas. Un país utilizado por su estratégica ubicación geográfica para cumplir los objetivos políticos, económicos y religiosos de unos y de otros. Un país cuyas riquezas se han convertido en una condena. Un país que arrastra una pobreza crónica. Un país en ruinas con miles de millones de dólares de ayuda e inversión externa despilfarrados en corrupción y proyectos que nunca llegaron realmente a la población, sólo a las élites y a las altas esferas.
Un país tambaleante, sin cimientos, con una de las tasas de analfabetismo más altas del mundo. Ideal para cualquier tipo de fanatismo. Un país que vuelve a estar en manos de fundamentalistas religiosos que ya hace más de veinte años prohibieron hasta la música. Un país con una sociedad traumatizada tras décadas de conflictos ininterrumpidos. Con los soviéticos, entre los muyahidines, con los talibanes, con la invasión estadounidenses y ahora, de nuevo, con los talibanes y el Estado Islámico. Un país que sigue plagado de minas antipersona. Un país con millones de civiles con heridas visibles (mutilados sin brazos, sin piernas, con cicatrices de metralla, paralíticos…) y heridas invisibles (estrés postraumático, ansiedad, depresión, episodios de pánico…).
Un país que, especialmente estos últimos años, ve cómo el consumo de heroína y de opio entre sus jóvenes y no tan jóvenes, además de los casos de VIH, sigue creciendo. Un país profundamente machista que se resiste a desprenderse del yugo de la visión más tradicional y estricta de la religión. Un país anclado en el medievo, en el que a menudo casarse es más prioritario que ir a la escuela. Un país en el que los matrimonios forzados y las adolescentes obligadas por sus familias a casarse por dinero con hombres que les duplican o triplican la edad están a la orden del día. Un país que es, oficialmente, el único del Mundo en el que se suicidan más mujeres que hombres. Un país en el que los talibanes hacen ley lo que en muchas casas ya era norma.
Un país, un pueblo, que parecen condenados al sufrimiento, a la desesperanza y a las peores miserias humanas. Afganistán. Un país que me fascina desde hace años y que espero poder conocer algún día. Un país cuya terrible historia reciente, siendo realistas y desgraciadamente, continuará.

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