Con el paso del tiempo
esas voces han dejado de ser mañaneras y producto de una resaca.
Ahora son noctámbulas y funambulistas,
les encanta la exageración de todo,
engrandecen lo más nimio,
y de una mota de polvo sacan un mundo entero.
En realidad, son voces imaginativas,
se saben buscar la vida por ellas mismas,
se acomodan en todos los recovecos de mi cerebro
y cuando por el suelo de mi boca entra una corriente de aire
aprovechan para echar más leña al fuego
y tanto calientan mi medio ambiente
que hasta el insomnio se acerca al fuego.
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