En realidad fuimos gigantes,
nos enfrentamos a nuestros peores molinos,
hicimos nuestra propia tribu
y que ¡gran tribu!
y al final,
resultó ser que nos quisimos como nunca nadie se ha querido
y ni antes ni ahora ni después ni en la otra vida...
Yo te pido perdón
por todo el rosario de mis malas historias
y te juro que si pudiera
te levantaría un monumento
en la plaza mayor de mi pequeño y hermoso pueblo,
pondría
"en honor a la más bella persona que he conocido".
Y sin más, me iría a descansar
y con la sensación del deber cumplido
y con la clara idea
de que por fin dije lo que tenía decir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario