Cada uno tiene su momento y yo estoy viviendo el mío y desde hace trece meses (esto decía en el 2.013 y ahora os hablo desde el 2.022 y creo que me conservo más o menos, en el mismo momento). Trece que bonito número, más bonito que doce, el año debía tener trece meses, como el calendario Celta y todo debía ser múltiple de trece, como los chinos con el ocho, que piensan que les trae suerte y casi todo tiene que terminar en ocho o ser un múltiplo del ocho. Antes de que se me escape el mes trece dentro de mi nueva carcasa y entre de lleno en el catorce, tengo que decir varias cosas:
Primero, que en cambio de trece meses, parece que han sido trece días, trece días-meses de gloria y sufrimiento y de alegría desbordante. El tiempo, salvo por sus prisas, ha sido bondadoso conmigo, me ha regalado momentos inolvidables, otros de recuperar sensaciones perdidas, otros de vivir nuevas experiencias y otros de descubrimientos en donde parecía que no había nada de nada. Pero no todo ha sido felicidad, ¡que va!, hubo momentos de sufrimientos y miedos, hubo dudas, hubo arrepentimientos, hubo penas y lloros, en fin, que hubo un poquito de todo. Y ahí está la grandeza de éstos trece meses, que hubo de todo un poco y eso es vida elevado al cubo.
Yo no disfruto viviendo eternamente en un jardín lleno de flores y eso que me gusta el jardín y me entusiasman las flores, pero no de contínuo y como único elemento en mi vida. Pues a mi me gusta también, el campo con malas hierbas, me gustan los desiertos y los descampados de las ciudades, igual que me gusta el mar y el bosque y el agua de río. Me gustan los contrastes y no sólo verlos, también vivirlos y sentirlos. Hay personas que buscan sólo el equilibrio perfecto, y se fijan esa meta para andar por la vida, la meta de la perfección del equilibrio. Yo eso lo respeto, pero no lo comparto, pues yo busco siempre el equilibrio, pero a base de andar de un lado al otro. Hombre, sin escorarme demasiado hacia un lado, si no después ni equilibrio ni hostias benditas. Las personas que se escoran demasiado, se quedan encasilladas en la depresión o en la euforia constante del delirio.
Yo viví escorado durante mucho tiempo hacia el lado de la depresión y la verdad que no saco grandes conclusiones, quizá que se sufre demasiado gratuitamente, quizá que sólo te ves tu ombligo, quizá que te encierras tanto en tí, que al final no sabes como salir. Pero no muchas más cosas y eso que fueron varios años metido en ese agujero negro. Sinceramente, el quizá que yo más siento, es que he perdido todo ese valioso tiempo, que lo he echado por la borda de mi vida. Y ese el quizá que más me duele.
Ahora, ¿qué sería de mí, sin ese tiempo perdido?, ¿podría estar como estoy ahora?, si no hubiera pasado por ese período. Puede que tuviera que pasar por ese proceso previo, pero eso no me reconforta, me sigue doliendo el tiempo perdido. Por eso mi obsesión no es tener el equilibrio perfecto, que también o en parte lo es, mi obsesión, es recuperar el tiempo perdido y por eso no me doy licencia para entretenerme por el camino. Casi me concedo tiempo para pasear, ni para darme una vuelta en plan relajado. Lo mío es obsesivo y no entro en si es lo correcto, que estoy seguro que no, que no lo es, por eso hablo de mi "equilibrio imperfecto". Hay que tener en cuenta, que no existen fórmulas magistrales y universales del equilibrio de una persona, hay líneas maestras y como tales son fórmulas inacabadas y pecan de generalizaciones y además se hacen aún más imperfectas, cuando cada persona es un mundo aparte. Por tanto cada uno debe buscar su equilibrio, su "equilibrio imperfecto". Yo mientras tanto, sigo ganando el pulso al tiempo o mejor dicho, pensando que se lo gano y haciendo lo que buenamente puedo.

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