La lucha de cada día,
levantarse, desayunar y fregar,
currar, comer y si cabe, pensar...,
cenar y sobar,
y antes de dormir,
dar un beso de buenas noches al aire,
y sin más, adiós y hasta mañana.
Día a día,
y la misma rutina,
el día y la noche, la noche y el día,
las mañanas, las tardes,
y los mediodías,
los domingos, los lunes,
el viernes y el fin de semana,
me duermo y me levanto,
a veces, me cuesta levantar el ánimo,
meo, cago, y como,
desayuno y meriendo,
me afeito o no me afeito,
dudo y pienso...,
ma lavo y me callo,
sigo, insisto y persigo,
porque si no... no llego,
me siento y trabajo sentado,
me concentro y voy resolviendo,
pienso de nuevo...,
y hasta que la noche extiende su mano.
Después me inhibo,
y me vuelvo autista,
no me reconozco por fuera,
y menos por dentro,
me autoexcluyo y huyo,
me tumbo y todo
retumba dentro de mis oídos,
descanso como puedo,
y busco la postura adecuada,
me acomodo y me incomodo,
intento descansar de nuevo,
me cabreo porque me altero,
me envuelvo y voy desapareciendo,
y así hasta que mis párpados
caen desmayados.
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