Amigos, amigos, ya tengo pocos. Tenía, sí tenía...pero el tiempo y sus condicionantes externos e internos, los han ido liquidando como lindas cucarachas. Bueno el tiempo, las distancias y mis gilipolladas, bueno y supongo que también las de ellos. Pero no es mi intención hacer juicios sumarísimos sobre ellos, en tal caso me llega con hacérmelo a mi mismo, los demás ya son mayorcitos para hacerse su propio examen de conciencia o que se hagan una paja, a mí me da lo mismo. Y el que no lo ha hecho y en los tiempos que estamos, en los que rondamos entre 50 y tirando ya hacia 60 años, como no se hayan puesto el mono de faena, seguro que ya no les da ni tiempo. Ahora, tengo 66 años y nada ha cambiado en la viña del señor (con lo cual se confirma aún más mi anterior teoría).
Si antes no era fácil hacer amigos, amigos de verdad, no los amigos del Facebook, que son más bien conocidos y si llegan a eso (pero seamos claros, también me gusta tenerlos), pues ahora ydadas nuestras avanzadas edades, casi imposible hacer nuevos amigos. En éstas edades estamos más que cerrados, llevamos como piel unos caparazones de tortuga y precisamente cuando serían más necesarios, pues nada todo dios anda a su rollo, si llega a tener algún rollo. Pues encima de viejos, reviejos y pellejos y nos volvemos desconfiados y quisquillosos, nos ponemos de mala hostia más fácilmente, nos molesta todo mucho más y nos hacemos hasta cierto punto, intransigentes. cada uno lleva su verdad y cree que la suya es la única y que las de los demás una mierda pinchada a un palo. Nos hacemos rosmones y maniáticos, todo tiene que estar en donde yo lo puse y no me toques eso y no sobes lo otro y mira por donde pisas y porque no hablas más y va el otro y habla más y entonces porque siempre estás hablando y quiero esto y no toques lo otro. Vamos, la cadencia que tienen o tenemos los viejos. En el fondo de todo esto, subyace la idea de que nos gusta más estar a nuestro aire (por lo menos, es lo que a mí me pasa).
Y si juntas a varios o nos juntamos varios, las conversaciones empiezan a girar sobre la muerte de fulanito y las esquelas del periódico local y el otro, está fatal y yo que tengo o padezco esto y lo otro y me duele aquí y en el otro lado. Pero lo más llamativo son las conversaciones en torna a las cagadas y su entorno: si yo cago bien y yo no tanto y además me hincho como un globo y tomo ésta medicación para el estreñimiento, pero aún así no cago en varios días, en cambio yo voy varias veces al water en el mismo día y no veas que aliviado me quedo. Y si van de excursión en mogollón, vamos en plan Imserso (bueno yo aquí no me incluyo, soy anti Imserso y sólo lo describo). Entonces es el no va más, se tiran las pastillas por las ventanillas del bus y así se deja de mear y de cagar de forma regular, que más da, total les quedan dos días. Y a bailar y a emborracharse hasta caer de rodillas, vivos o muertos. Y las comidas del todo incluído, se lo cepillan todo, arrasan con todo y hasta se pelean por si yo estaba antes que tú y tú ponte a la cola, que hoy me voy a poner las botas hasta que reviente por todas las costuras. Las tensiones, el azúcar y todas las constantes médicas, a tomar por culo y sigue la fiesta y una copa y otra y así hasta las tres de la mañana. Al día siguiente, resaca al canto y a la cola del desayuno y aquí la mala hostia campa a sus anchas, el dolor de cabeza, el sueño, la tensión por las nubes...
Al final, con el paso de las horas, poco a poco volvían a hacerse amigos y ya llegando la noche donde las dosis alcohólicas eran sobredosis, entonces venía la fase de la exaltación de la amistad : que guapa estás, cuando por la mañana era fea como un crollo y como te aprecio y que simpático eres... y la rueda volvía a empezar, claro que empezaba justo por donde acababa, ni más ni menos.
Al final, con el paso de las horas, poco a poco volvían a hacerse amigos y ya llegando la noche donde las dosis alcohólicas eran sobredosis, entonces venía la fase de la exaltación de la amistad : que guapa estás, cuando por la mañana era fea como un crollo y como te aprecio y que simpático eres... y la rueda volvía a empezar, claro que empezaba justo por donde acababa, ni más ni menos.

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