Las ideas o se riegan o se secan y si las riegas, lo tienes que hacer con mucha delicadeza. Vamos, de la que yo no tengo y porque amo lo claro y a veces la claridad está reñida con la delicadeza, aunque muchas otras veces, no lo está. La impaciencia es mi lema y la claridad es mi objetivo y sé que a veces me paso dos o tres pueblos, pero ya digo, que a mí no se me ha concedido el don del equilibrio. Yo nací desequilibrado y como mucho he conseguido saber irme de un sitio o lugar a tiempo, pero por dentro me fuí de ese sitio soltando improperios y maldiciones de todos los colores. No quiero pensar en como seré de viejo pellejo, porque estoy seguro que seré un viejo rosmón que se cagará en todo lo que se menea. O puede que me convierta en un verdadero ser delicado: que siga amando las flores, que pueda seguir disfrutando de lo verdadero bello y amable, que mi traje preferido sea el otoñal, que una caricia me derrita los sentidos como nunca antes me había ocurrido...

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