TE LLAMO...

 



              Te llamo...
no me contestas.
           Te vuelvo a llamar...
de nuevo el silencio.
             Te dejo un mensaje...
ni así me llamas.
Me cago en tus muertos...
tampoco tengo respuesta.
                 Al final,
cuando por fin me llamas,
soy yo el que no coge el teléfono. 
 me ha gustado más el silencio
que el vacío de tus sentimientos.

COSAS...

     

               Cariño...lo siento,

                   Cariño...lo siento,

y la verdad es que debo estar entrenando,

y ¿no sé para qué?.

 Jamás llamé a nadie cariño,

ni creo que lo vaya hacer...

DOS EXTRATERRESTRES


Estos dos extraterrestres están escuchando aviones
y como si los aviones no se escucharan de por sí,
es de suponer que intentarán oír una tuerca desajustada,
o un tornillo fuera de lugar y sitio
o simplemente dar el pego con sus antenas parabólicas,
y además... cobrar por ello,
parece que llevan uniformes militares
y tipo y estilo de la madre Rusia,
los dos intentan mantener el tipo
y que no parezcan salidos del carnaval de San Petersburgo,
ella (la más baja) parece que sonríe un poco (menos mal),
él (el más alto) mantiene su cara de estatua seria y fría,
por lo que me vuelvo a suponer...
que él debe tener el carnet del partido
o puede que piense que en el próximo congreso
lo nombrarán ministro de los escuchadores de aviones, 
un gremio que debe ser muy similar al de los marcianos de los controladores aéreos...
bueno, yo me encuentro a dos como estos
y se me quitarían las ganas de volar...

HIJOS DE LA BONANZA (Rocío Acebal)


 

Mi infancia son recuerdos de un piso a las afueras
y un huerto descuidado en la ventana;
mi juventud, veinte años de cuadernos de inglés.
Conseguirás —dijeron—
mucho más que tus padres y sus padres:
estudia cuatro años y tendrás un trabajo,
trabaja y vivirás siempre tranquila;
trabaja y serás digna de un futuro.
Asentí, como todos —hijos de la bonanza—.
No atendimos a aquel presentimiento
aquel olor a pólvora que asomaba en voz baja
como un eco de angustia a puertas de palacio.
De aquel país ajeno a las fronteras
solo guardo el recuerdo de la luz
y una aversión a la palabra patria.

CORAJE (Joan Margarit)



La guerra ha terminado, pero la paz no llega.
La tarde cae ruda y silenciosa.
Miro a mi abuela -tengo cuatro años-
mientras mea de pie junto al camino
con las piernas abiertas debajo de la falda.
Siempre que lo recuerdo, vuelve el chorro,
poderoso, a caer contra la tierra.
Fue ella quien me enseñó que el amor es
claridad y dureza al mismo tiempo,
que sin coraje nadie puede amar.
No era literatura: no sabía leer.

Es triste comprobar

 Es triste comprobar como me gana la noche me domina, me esclaviza me dice, hoy no te preocupes que te irás pronto a la cama y dan las 2 de ...