Ya no me tiembla el suelo
cuando te veo.
Ni mis cuerdas vocales se tensan tanto
que son incapaces de vibrar.
No siento insoportables acúfenos
ni ecos que se convierten en voces,
con los que más tarde...tendré que hablar.
Ahora ni hablo,
ni siento, ni padezco,
pero si disiento
y creo que nunca dejaré de disentir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario