Y aquí estoy yo,
aquí estoy yo en una noche fría del mes de marzo.
Solo, pero bien acompañado.
Alejado del mundanal ruido.
Cercano al calor de la chimenea.
Somnoliento por ese cambio estúpido de hora.
Abrumado por la que nos viene encima.
Cansado de escuchar tantas mentiras.
Harto de mensajes negacionistas y apocalípticos.
Obsesionado con lo que pasará mañana o pasado.
Preocupado por como quedará el mundo.
Desilusionado con lo prometido.
Por ratos...tímido y apocado
(cuando soy todo lo contrario),
Pensativo y cabizbajo.
Dolido y con dolor de estómago.
Ardiente por dentro.
Por fuera... vestido de temor y duda.
Mirando al vecino de enfrente
y por que no hay otra cosa que mirar.
En fin, me puede el tedio y el aburrimiento.
La nostalgia invade mis terminaciones dendríticas
y de lo más hondo de mi cerebro
salen recuerdos que me llenan de oxígeno.
Y no...
y no me voy a suicidar.
El suicidio para mí
es una autopista prohibida,
ni sé su entrada ni conozco su salida.
Del suicidio paso
como paso de la euforia gratuita y porque sí,
y en fin
paso de los días así y así de raros...
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