De tanto arar la tierra
mis surcos son cada vez más profundos,
tengo arado todo mi pasado,
y al presente lo tengo aislado en cuarentena,
no me fio de lo que hago
y menos me fio de mí
cuando se acabe el invierno.
De tanto sentir
me duelen las muelas
y tengo inflamados
los ganglios del cuello.
Algún día me dije:
párate y tómate un respiro...
Pero en cuanto volví a sentir el latido
de mi corazón desbocado,
las ganas de vivir invadieron mi alma
y mandaron metástasis a mi cerebro...
Y desde esas y al llegar la primavera
vuelvo a cabalgar sobre un caballo blanco.

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