Que nada me deslumbre.
Que toda la luz se haga mi luz.
Que el sueño sobre el que a veces me despierto
sea carne de mi carne y me roce con delicada suavidad.
Que el fuego no me queme por dentro
y que me siga funcionando la alarma
de la triste soledad.
Que nadie ose decirme
te vas a morir sólo como un perro,
que seguro que sí,
que sólo me moriré
porque el que se muere
se muere sólo
tanto e igual que el que nace.

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