Domingo, otro domingo en mi vida. Hoy tocó ver tenis toda la mañana, me encanta el tenis y el padel y todos los deportes de pelota y raqueta. Hoy, se jugaba la final del open de Australia y desde las 9 a.m. hasta casi las 14 horas. E intenté varias veces, dejar de ver el partido, porque no me iba tanto en ello (por los jugadores) y porque a veces, me entran agobios de que estoy perdiendo el tiempo. Hay muchas más cosas que hacer en la vida, pero hay algunas que te enganchan y yo como soy un adicto, me cuesta un huevo salirme de un tema con el que estoy disfrutando. Total que hasta las 14 horas no conseguí levantar mi orondo culo del sofá y ahora, estoy aquí de cuerpo presente escribiendo todo lo que puedo. Mi sano ejercicio de escribir todos los días, a veces escribo varios tomos y en otros, escribo cuatro líneas. No importa la cantidad e importa más la calidad de las cosas. Exactamente son las 13,57 de un domingo 28 de enero.
Hoy el día ha nacido nublado y sigue en ese estado. Seguimos sin frío invernal pero como está nublado hace más frío que ayer. Y dentro de mi cabeza ¿como está el día?. Pues por una vez y sin que sirva de precedente, dentro de mi cabeza hay una intensa neblina que no me ayuda y para nada, a sacar a flote mis mejores ideas. Pero no todos los días hay lluvia agradable y fina dentro de tu cabeza, ni un sol invernal, ni la suave caricia de la brisa marina. Hasta mis ojos sufren de intensa neblina, pues ayer me atacó una conjuntivitis alérgica. Nunca tuve nada alérgico a lo largo de mi vida, pero ahora en la vejez me aparecen algunas cosas nuevas. Nunca es tarde para padecer algo que antes no tenías.
La prudencia, puede ser una de esas cosas nuevas. Ahora, me siento prudente y me pienso una cosa tres veces antes de tomar una decisión. Antes no, antes la tomaba por puro instinto y después, vendrían las consecuencias y que naturalmente, eran malas o peores. Vamos a ver y para explicarme mejor, ahora soy un tío prudente pero lógicamente conservo mi genio y a veces, mi mala educación y por eso de vez en cuando me sale la mala baba o la mala hostia. Me considero prudente pero no un atontado de mierda. Por ejemplo, antes respondía a la agresión (ya fuera verbal o física) con más agresión y ahora me llega con ignorar al agresor y con mirarlo a los ojos y en donde podrá ver una mirada furibunda.
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