La pregunta ahora sería y ¿porqué hubo ese cambio?. Pues en realidad no lo sé, pero intuyo que fue porque me logré sacudir el miedo de mi cuerpo y de mi alma. O sea que sentía igual antes y ahora, sólo que en mi etapa negra los sentimientos los tenía bajo una losa, una losa que se llama miedo. El miedo hace temblar, pero sobre todo paraliza las neuronas, los músculos y los sentimientos, el miedo es una mordaza ideológica y física.
Y supongo que en esa liberación de mi mente entran diversos mecanismos. El primero es quererte a ti mismo, reconocerte y quererte y por tanto aceptarte con tus taras o defectos y con tus aciertos o virtudes. La balanza entre lo bueno y lo malo, la balanza que a veces se inclina demasiado y esa es otra de mis obsesiones, el conseguir el equilibrio imperfecto. Y digo imperfecto, pues parto que el perfecto no existe o sólo existe en instantes fulgurantes. Bueno a lo que iba antes, y era que hay que aumentar la autoestima y echarle cara al asunto, es decir que al mismo tiempo te importe menos lo que los demás piensen. No digo nada, digo menos.Porque lo que los demás piensen y si además, lo valoras demasiado, se convierte en una camisa de fuerza, que te anquilosa, te ata y te mata, figuradamente hablando.. Por tanto, todo esto puede llegar a formar parte del miedo, el miedo a lo que piensen, el miedo a quedar en ridículo, el miedo a no caer bien, el miedo a que nadie te quiera, todos son distintas caras del miedo y todas te llevan a enquistarte más en tu burbuja de depresión. En resumen, yo me sacudí mis miedos a base de aumentar mi autoestima y de echarle cara al asunto y y hay más factores, pero ya los tocaré otro día (mi editor me recomienda que no escriba tochos muy grandes).

No hay comentarios:
Publicar un comentario