DÍA 3 DE MAYO

 

Día 3 mayo: sin novedad a bordo de esa nave que algún día pretendo navegar. Aunque hay que decirlo claramente y para mí el mar es verlo y lo de bañarme en sus preciosas aguas, se lo dejo para otros. Y con lo navegar me pasa lo mismo, me encanta ver los barcos surcando los mares, pero yo no sueño con ser uno de sus tripulantes. Yo una vez y hace muchos años tuve un barco, mejor dicho, una lancha medio escacharrada pero que flotaba y andaba (a veces). No tenía papeles y por eso me hacía costado tres chavos, pero la tuve en "A costa da morte" de mi Galicia natal y allí zoscaban los temporales día sí y día también y me pasé medio invierno amarrando y desamarrando la puta barca y achicando agua y en pleno frío y húmedo invierno. Creo que desde esas tengo un frío patológico metido en mi cuerpo y por eso se me podría calificar, como un tío friolero. Pero que quede claro, que fue desde esa época. Antes era un tío fornido y aguerrido que se podía meter hasta en aguas congeladas (exagerando un mucho).

Ahí, en esa época, decidí que nunca más volvería a tener una barca o una lancha. Y eso lo he cumplido a rajatabla. Ahora cuando me invita alguien a navegar en su barca, no le digo que no, pero tampoco le digo claramente, que sí. Si puedo lo dejo pasar y me pongo de perfil. No me entusiasman los pequeños vaivenes del mar en calma, ni los grandes oleajes de un mar embravecido. Desde el muelle de mi querido pueblo, me encanta ver pasar los barcos con sus velas desplegadas, pero sigo sin verme dentro de ellos y porque me siento como un pato mareado vomitando por babor o estribor. Algo cambió dentro de mí, que hizo click y cambió el funcionamiento de mis sentidos más primitivos y me hizo ser así de pusilánime. Ahora soy de dique seco pero con muy buenas vistas al mar. Me parezco a esos viejos que se ponen a ver obras y se echan horas controlando la movida y hasta se intercambian pareceres sobre el devenir de la obra.

Pero yo, no puedo escudarme en la vejez, es decir, que lo de mi asunto con el mar me pasa porque estoy viejo. No señor, yo puedo decir, que desde hace 30 años o más, me pasa esto. Yo creo que de aquellas, cuando me pasó lo de la barca, llevo al frío incrustado en mi médula ósea y al mareo lo llevo instalado dentro de mi cerebro. Quizá en otra vida, yo sea marinero o capitán de barco y me guste surcar los mares y atracar donde me apetezca, pero en esta vida os puedo jurar que navegar para mí, es una tortura.

















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DOS TIPOS DE LUZ

 "Hay dos tipos de luz: la luz que te ilumina y la luz que vas dejando tras de tí".