Pero pase poco o pase mucho, da igual, pues el final es el mismo, vendrá igualmente la muerte. Y a la muerte hay que verla de cara y directamente a los ojos y no hay ningún tipo de pregunta trascendente y porque la muerte no te va a contestar nada, pues ella solo abarca el vacío de la noche y el vacío, es la nada. Y es que si realmente pasamos a otra vida, no podemos ir con los pensamientos actuales de esta vida y pedirle a la muerte que nos explique el porqué de nuestros razonamientos y preguntas y por una simple y llana razón, una vez que estamos muertos, ese viaje que hay al otro lado, no tiene nada que ver con el actual o así debía ser, que no tuviese nada que ver.
Quién sabe si en el otro lado seremos caracoles o babosas u osos bipolares o delfines o marmotas o más idiotas y no me toques las pelotas, pero lo que está más que claro, es que no seremos los mismos que ahora somos y es que para eso está la muerte, para empezar de nuevo bajo otra forma de vida y señores, ¡qué venga la muerte!, que venga y me entretenga y que me de su mano fría, pues yo ya estoy en su onda premonitoria, yo ya sé lo que viene y ese viene puede ser cuestión de días, de meses o de años y entonces puedo asegurar, que la muerte nunca me pillará desprevenido. Yo apoyo una muerte inexplicable e instantánea o una muerte súbita y lo que no puedo soportar es el pensamiento de una muerte lenta y dolorosa, pues esa tortura no tiene nada que ver con lo humano.

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