LA ENVIDIA

 

Bien...vale...todo está bien y porque si no estuviera bien estaría mal y la verdad, es que no me apetece estar mal. Prefiero estar bien y no se hable más. Y no bien estando regular y decir que estoy bien y ¿porqué ganaría yo engañándome a mí y al resto de los mortales?. Nada o simplemente el quedar bien, pero coño yo no quiero quedar bien sino que lo que quiero es deciros que me encuentro bien. Y ¿como puedo medir mi grado de satisfacción conmigo mismo?...pues poniendo en la balanza las cosas que están bien o son buenas o en las que yo estoy participando y para que sean buenas y del otro lado, pondremos todo lo negativo, todo lo oscuro, todos los temores que por la noche se convierten en monstruos, todos los males y achaques, todas las pesadillas y etc...Y el resultado final de la balanza es que en estos momentos se inclina hacia el lado positivo y eso me hace ponerme contento y orgulloso de ser como soy.

Muy bien, bien, regular, mal o muy mal. Estos son los grados emocionales, los distintos escalones del estado del ánimo. Y a lo mejor hasta me atrevería a decir que estoy muy bien, pero no quiero sonar a demasiado subidito. Pero os lo juro que lo podría decir. Mi estado de ánimo está perfecto y casi rozando lo pluscuamperfecto. Pero en mi expediente vital diré que estoy bien para que nadie se sienta ofendidito. La envidia, la puta envidia de los cojones es muy mala y es muy difícil de ser digerida y por eso pueden pasar hasta varias décadas y el que te envidiaba hace 40 años, lo puedo y lo va seguir haciendo ahora. Es más, yo me atrevería a decir que la envidia se reproduce por esporas y hoy en día, su envidia se habrá duplicado o triplicado. Pero gracias a dios o a quién sea, la distancia entre los dos también se ha duplicado o triplicado y por tanto la envidia y por muy grande que sea, se la tendrá que comer con o sin papas el puto envidioso de mierda.

El envidiado, vivirá de lujo o sea, seguirá haciendo su vida como sino pasara nada y como si envidioso habiera dejado de existir. El envidioso en cambio, se le colará la envidia por todas sus rendijas y se hará monótono, repetitivo y obsesivo y casi todo lo acabará relacionando con el sujeto envidiado. La culpa de todo siempre la tendrá él, él fue el germen del que partió el problema, si él no existiera no tendríamos todos estos problemas y toda la mierda que va incubando, creando y pariendo el envidioso será por la puta existencia del otro. Le envidia deforma hasta los espejos y por eso el envidioso se ve buena persona y siempre tendrá buena intención en todo lo que haga. En realidad, el envidioso es hijo puta que debería estar en estado de extinción.



















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Julia Uceda