Mentira...puta mentira...Primero, porque de buen chaval, ¡un huevo!. He sido las dos caras de la misma moneda, he sido un hijo de puta, como todo lo contrario. He sido tierno, pero también grosero y déspota. He sido tan dulce como agrio. He sido espléndido y en eso nunca dejé de serlo y no sabéis como estoy orgullosos de ello. He sido un descontrolado y lo peor es que hubo un tiempo, en que lo había reivindicado (como si se pudiera reivindicar ser un descontrolado). He sido cruel, inconsciente, mentiroso y drogadicto. Aunque a veces (muchas), he sido cariñoso y eso es lo que me ha salvado, el que en los buenos momentos he repartido besos, abrazos y caricias y también dí alguno más en los momentos peores y malos. También he sido comprensivo algunas veces y quizá lo más destacable de mí y de mi forma de ser o de estar, es ver al mundo desde una perspectiva optimista o dicho de otro modo, ser capaz de contagiar mis explosiones vitales.
Pues si señores, yo siempre he amado la vida y eso que luché quizá demasiado por no quererla, por repudiarla y maltratarla. Han sido más veces de las que quiero pensar y reconocer. A ratos, a años y a meses estuve en el bando del egoísmo, de la miseria, de la envidia, de la mezquindad, del oscurantismo y en definitiva, estuve instalado en el bando de la estupidez egoísta y durante esos años mi ombligo fue el eje sobre el que giraba la tierra. Pero a pesar de todo esto, a la mínima, volvía a asomar por mi cabeza el optimismo de mi lado más vital. Bendita vitalidad, bendita sea, porque sin ella y sin las muchas dosis de paciencia por los que me padecieron y más en mis malos momentos, hoy os aseguro que no estaría vivo.
No pretendía entrar en temas subterráneos, pero hay momentos en que tienes que verte de frente y escupirte a la cara, después de ese acto, sientes esa especie de tranquilidad suave y silenciosa, esa tranquilidad que siempre viene detrás de una tormenta de verano. Necesitaba éste minuto de silencio, por mí y sobre todo, por los demás que dejé en las trincheras o en las cunetas, a veces tirados y en otras abandonados. A ellos y cada uno a su nivel, les dedico éste minuto de silencio.

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