¿UNA FOTO?


 Yo me sacaría una foto, pero no me gustan las fotos, nunca me sentí fotogénico y siempre me molestó el tener que poner cara de foto y porque además al final, salía mucho peor. Ni de niño, ni de joven, ni de adulto y creo que de muerto, tampoco me gustarán, aunque quién sabe si con esos arreglos que hacen las funerarias que te ponen de guapo como en tu vida lo has estado. Desde sonriendo no saldrás, ni riendo a carcajadas y te pondrán cara de poker y como si yo algún día hubiera jugado al poker. Que no digo, que no me hubiera gustado jugar y creo que es por esa especie de atracción fatal que tiene ese juego. Pero a éstas alturas de la película y donde estoy a punto de jubilarme (que ya tendría que haberlo hecho hace 3 años, pero a veces la vida y sus circunstancias, te obliga a tener que hacer lo que no quieres hacer), pero a lo que iba y ahora a punto de pasar a sueldo de jubilado no me voy a poner a jugar al poker mi pequeño sueldo, pequeño aclaro, si lo comparo que con el que ahora tengo y porque la verdad sea dicha, tampoco me queda tan mal mi sueldo de jubilado. Ahora en mi trabajo mi lema es: "para lo que me queda en el convento me cago dentro" y esto me lo aplico con las normas laborales (pues, en muchas no estoy de acuerdo), que no en mi trabajo como médico y porque como decía el otro, esto es cosa seria.

Me temo la comida o cena de despedida del trabajo: 100 personas, muchos personajes, algunos gilipollas, otros entrañables y la mayoría respetuosos conmigo y yo con ellos. Y me temo y mucho, la lágrima fácil y la emoción desatada. Y fotos y miles de fotos y yo en casi todas ellas y siendo el protagonista dentro y fuera de la pista y rodeado de decenas de caretos alcohólicos, aparte del mío que sudará alcohol a espuertas, pues vaya a saber usted la que me cogeré en mi último día y hasta puede que allí mismo me de un pasmo y me quede tieso y de la fiesta me iré directamente a la caja de pino. Sería una fiesta de despedida con final en el cementerio del pueblo. Tendré que dar un puto discurso y aunque no sé muy bien para qué, pues cuanto más hable en ese estado entre alcohólico y patético, será peor para la plebe que me tenga que escuchar. Yo diría simplemente: hola y adiós y me alegro de haberos conocido, pero os puedo jurar que si volviera a nacer no sería médico y sería yo que sé... alpinista, escritor, carpintero, ceramista o alquimista, pero nunca sería educador de nada, porque nunca me gustó tener que educar a nadie. Bueno al final les diría, que la suerte os acompañe y ser mejores de lo que yo he sido, que tampoco he sido un bicho tan malo, pero siempre tenemos que mejorar y para eso vivimos, para ser mejores personas y mejores profesionales.

Y bueno, mis queridos chicos y chicas, nos veremos en el infierno. Allí os espero y bien calentito y os daré a probar un rico caldito hecho a mano con todos los huesos de los muertos que van cayendo a la caldera del infierno. No os preocupéis demasiado por vuestra existencia, algo sí pero simplemente lo necesario para seguir viviendo. No os conforméis como lindos corderitos con lo que os vayan dando, sed valientes y aguerridos, en otras ser prudentes pero solo serlo hasta quue haya que dar el salto hacia delante y nunca juréis en vano y si hay que jurar hacerlo a conciencia y con la verdad por delante. La vida es un conjunto de saltos cualitativos y cuantitativos y hacia abajo y hacia arriba, pero sobre todo no quedaros instalados en ninguno de los dos polos, al que se siente superior a los demás que le den de comer aparte y el que está tocando fondo todo el rato, habría que echarle una mano, digo yo, pero si aún así sigue instalado en su depresión, pues habrá que dejarlo vivir en paz dentro de su submundo. Hay personas que son felices dentro de su depresión y no hay cosa peor que intentar forzar a que un deprimido esté contento y porque resultará, patético. Amaros como hermanos y daros por el culo todo lo que podáis y sino siempre queda el recurso de la chupadita, que nunca falla y siempre funciona.















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Julia Uceda