Me veo en Islandia, estoy de espaldas y junto a uno de mis hijos y ante un geiser que está vomitando su chorro de azufre y agua. La foto es en blanco y negro, grisácea de fondo, blanquecina de cielo y es demasiado hermosa la vista como para ensuciarla con palabras que siempre se quedarán cortas. A veces la belleza no tiene nombre ni apellidos. Yo puedo describir lo que tengo delante, pero lo que ya pasó es como una vieja foto que conservas dentro de tu mente, aunque a veces, la llevas grabada dentro de tu alma. Islandia me impactó, me dejó boquiabierto y es que todo era de una belleza tan bestial, que no daba crédito. Te sobrepasaba aquella belleza tan diferente y distinta. Yo volvería, pero esta vez iría mucho mejor preparado, aunque también hay que reconocer, que siempre se dice lo mismo y lo de ir mejor preparado, suena más a deseo que a otra cosa. Que yo recuerde me he pasado toda mi vida, queriendo estar mejor preparado en todo. Creo que se ha convertido en coletilla.
Yo volvería a Islandia, pero nunca volvería solo y porque hay que contar con los imponderables que te vas encontrando y allí medio perdido en aquellos páramos de piedra y musgo y coño me veo...que se me jode el coche y el móvil no tiene cobertura y el frío del medio ambiente poco a poco se va colando entre mis capas de ropa...y...y...y. Y no veo solo y muerto de frío. Aaprte que del islandés no tengo ni la más mínima idea y del inglés, tampoco. Por tanto, vuelvo a concluir que jamás de los jamases volvería a Islandia yo solo. Además, yo tengo más argumentos de peso y la belleza incomparable de Islandia es directamente proporcional a que no sabría vivir allí todo el año. El sol no me gusta cuando quema en pleno verano, pero su luz, su dorada luz y con esa claridad que te levanta el ánimo hasta la estratosfera, es algo que allí no tendría. Una cosa es la belleza de un momento y otra cosa es vivir muerto de frío y con ese tono gris blanquecino que te hunde en la miseria.
Mi pensamiento allí era el siguiente. Estaba extasiado con esa belleza tan bestia, pero al mismo tiempo pensaba y ¿como podría vivir yo en medio de aquella oscuridad grisácea?. Pues sinceramente, no podría. Ni cataratas, ni volcanes, ni nieves perpetuas, ni auroras boreales, compensarían esa falta de luz. En el fondo todos nos tiramos el moco de que viviríamos en la montaña y en el lugar más aislado posible y después la realidad nos dice lo contrario, que somos seres dependientes de otros seres y que no vamos a renunciar a ciertas comodidades. Abrir el grifo y tener agua. Tienes calor y enciendes el aire acondicionado o te aburres y entonces te das una pequeña vuelta por el muelle. Y así podría seguir hast el infinito y más allá.

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