Tiempos aquellos en que andabas joven y lozano y más vivo que muerto y donde la vida era un secreto que pensabas que algún día sabrías de que iba. Y me he equivocado y 50 años más tarde, la vida persiste en su secretismo y creo que me moriré pensando que como no me den otra vida, en la que me han concedido y de la que me queda un cuarto de hora o 20 años o quién sabe, me llevaré a mi tumba ese secreto tan bien guardado. Si no sabemos lo que puede pasar mañana, ¿como vamos a saber de que coño va la vida?. Unos y supongo por el miedo que les produce la muerte, hablan de reencarnación y estos sí que tienen el chollo montado, pues hagan lo que hagan ellos piensan que se reencarnarán en un pescado o en un águila o en un mapache. Otros hablan de que después de la muerte no hay nada de nada, ni cielo, ni infierno ni nada que llevarse a la boca. Después hay los que piensan que la muerte es muerte pero que de vez en cuando te permiten las autoridades pertinentes hacerte un vuelo sideral y volver al planeta tierra y así podrás visitar de vez en cuando a tus seres más queridos. Ésta última teoría me gusta a mí, porque tú tendrás el poder de programar tus visitas o de hacerlas cuando te salga de los huevos, aunque en realidad huevos ya no tendremos, pero tampoco tendremos hambre, ni sed, ni amor, ni ganas de tener sexo y entonces ¿qué será de nostros?, si todo lo que hasta ahora nos gustaba entrará en un estado perpétuo de hibernación. Ni árboles, ni flores, ni ríos, ni mares, ni montañas y el todo será la nada y la nada no tendrá sabor ni olor ni tacto.
Hay quién piensa que al enterrarnos bajo tierra nos comerán los gusanos, eso seguro, pero aparte de eso, ellos piensan que nos convertiremos en polvo y al polvo se lo llevará el viento y hacia lugares desconocidos. Por tanto, esparcirás todas tus pequeñas y minúsculas partes por campos, bosques y ciudades. Pero esto ya se hace ahora y se tiran tus cenizas al mar, al viento o al campo o al río y cosa que se ha puesto tan de moda, que le pasa como a todas las cosas cuando se masifican y porque en este caso contaminan tantas moléculas muertas esparcidas sobre un medio natural y les pasa, que están acotadas o que están prohibidas en determinados sitios. El muerto debe ir al hoyo y dentro del hoyo se pudrirá y eso sirve como abono y para que crezcan más y mejor todas aquellas pequeñas cosas.
Del polvo nacemos y en polvo nos convertiremos. Y nunca mejor dicho, de un buen o mal polvo nacemos y en mi caso y estoy convencido de ello y sin querer victimizarme, yo salí de uno de los peores polvos que tuvieron mis padres. Porque salí a destiempo, ellos no contaban conmigo y yo en parte, les jodí su vida. Durante un tiempo ya muy lejano, yo sufrí el síndrome del malnacido y sentía hasta la médula, el rechazo de ambos. Claro que no contaban con que yo les fuera a salir atravesado y en ese ambiente tan de rechazo, llegué a sentirme como pez dentro del agua. "Instinto de superviviencia", creo que le llaman, pero yo para el caso tengo un nombre mucho mejor, "instinto de querer comerse la vida".

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