Yo preferiría ser
un jardín en tardes otoñales,
donde todo cae con suma delicadeza
salvo el musgo y las setas.
Me gusta ese ritmo vital
casi todo decrece
y lo que queda vivo se entumece
y al final,
todo sonríe igual.
Dicen que queda la memoria
y que los recuerdos de aquellos instantes
se acaban guardando
en el almacén de las mejores tardes.

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