No soporto a los vainas que les das una hostia y se quedan tan tranquilos y porque le ven el lado positivo al asunto y que es (por ejemplo), que tú te hayas desahogado en ese preciso momento. Pues me pasa que ante un tío así, me hierve la sangre de tal manera que por mí lo forraría a hostias, es decir, lo pondría del revés o de vuelta y media. Claro que el que peca del otro lado, el amorfo insondable que todo lo ve funesto y negro, también me desquicia y ¡de qué manera!. Yo no lo mandaría a una isla desierta porque es capaz de deprimir hasta los pinos y palmeras y porque además, puede caer en la misma isla en donde yo estoy viviendo. Más bien lo mandaría a galeras a remar y para que aprendiera que vivir es muy costoso y que hay que tener una buena actitud vital.
En fin, que no todo el monte es orégano y que si por si acaso florecieran los positivistas y negativistas o sea lo que haría yo en plan preventivo, sería que habría que disecarlos, tal y como hacen esos animales humanos que se dedican a disecar a sus congéneres animales. Yo sería de los que me pondría la cabeza de un negativista o positivista en el salón de mi casa y presidiendo la chimenea y bajo el calor de la lumbre y a luz tintineante de las llamas. Y después contaría la historia: "a éste personaje lo cazé un día que estaba hasta los cojones de oír su discurso amargo como la hiel o dulce como la miel azucarada y sin más, le corté la cabeza y ahora ya véis...aquí la tengo colgada".

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