Mis ansiedades son como cristales que no puedo masticar.
Mis miedos son púas y clavos que no soy capaz de arrancar.
Mis alegrías son bondadosas y se ríen hasta de mi propia sombra.
Mis sueños no están rotos, siguen vivos
aunque un poco heridos y maltrechos
pero supongo que aún así sobrevivirán.
Mis temores se temen lo peor y lo mejor
lo peor, porque siempre hay que tener en cuenta el lado peor
y lo mejor, porque me lo dice mi intuición.
Mi día a día
es un paseo al borde del mar
y desde allí observo
que en los días despejados tú ya no estás
y que en los días nublados me entran dudas
y que en los días de lluvia intensa
me entran ganas de llorar.

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