Y estamos entrando en el 31 de Diciembre y lo primero que debía de decir es ¡feliz año!. Aún queda todo el día por delante y para que llegue esa hora que a lo largo de mi vida resultó ser tan importante. 31 de Diciembre, fin de año y ahora que ya no trabajo y porque estoy jubilado y lo de trabajar me suena a ser un habitante de otra dimensión y donde se trabajaba a todas horas del día y de la noche y siempre se tenía el mismo sueño y ese sueño era el dejar de trabajar. Antes y más o menos hace 40 años y más, celebraba los fin de año con un entusiasmo desmedido y era el primero de la fila dispuesto a salir por la noche. Yo de aquellas no amaba la noche y era ella la que me amaba a mí, pero ahí siempre estaba y porque uno se deja querer fácilmente y con el querer no tengo demasiados reparos. Ojalá me hubieron querido de ésta manera otras personas que pulubaban a mi alrededor. Pero así es la vida y no te da lo que le pides y a cambio te regala algo que no te interesa tanto. De todas y lo aclaro y paras que no haya confusiones, yo de aquellas no iba mendigando amor y era más bien lo contrario y porque de aquellas era demasiado ácido y corrosivo. Son períodos que uno tiene y que me gustaría volver a tener. Como iba diciendo, los fin de año eran bestiales y al acabar la cena ya iba borracho como un piojo. Mi tendencia en general, siempre fue pasarse antes de tiempo. Nunca lo pude remediar y por eso jodí muchas noches y por tener que irme a la cama y antes de que terminara la noche. Pero bueno, yo creo que le ponía demasiado entusiasmo al tema y porque realmente nunca supe medirme. Ese era el tema problema, yo me lanzaba y ya nadie podía pararme y hasta hubo una época en que mezclaba alcohol con pastillas dormideras y entonces el pedo que cogía me ponía fuera de órbita.
Yo me drogué con todo, yo mezclé drogas y de todo tipo. Hice las peores mezclas y a dosis inaguantables y eso lo hice y lo hice muchas al mismo ritmo que bebía alcohol. Por eso mis pedos eran estratosféricos. Claro que en fin de año procuraba no mezclar de esa manera tan bruta y porque no quería pasarme de la raya, aunque rayas también había y porque en una buena fiesta nunca deben faltar. Y cuando aguantaba un poco más en los caladeros de copas, pues me emborrachaba tres veces más y así iba tirando y en progresión geométrica. Yo de aquellas venía a decir que me gustaba estar borracho, pero en realidad no me gustaba y como en aquella época, yo me gustaba mucho menos y porque no me soportaba, pues acudía al alcohol y para deprimirme un poco más. Y mira que al día siguiente lo pasaba fatal y tan fatal estaba y tan bajo de moral, que siempre me prometía que nunca más volvería a beber. Y eso era una traición hacia uno mismo. Y claro eso duraba un día o a lo sumo dos y al tercero ya estaba en la barra del bar o del pub y calentando motores para volver a las mismas.
Y eso que era un buen chaval y que mi maldad no era duradera, ni puñetera, ni tenía demasiada mala baba pero tenía la justa para considerme un payaso de circo todo puesto y todo borracho. Que ciegos más espectaculares cogía. Eran pedos anacrónicos, desfasados y muy imbéciles y con una resaca de mil pares de cojones. Al día siguiente yacía en la cama medio muerto y no podía levantarme ni para beber un vaso de agua. Yo me veía así y me odiaba y además ese tema me producía mucho daño y mi inseguridad se tambaleaba más y más y hacía aguas. Me trataba fatal y de una manera bestial de mal. Fluctuaba como un cadáver en el agua, me arrastraba como un gusano infernal y al final, me odiaba más. Bueno, son gajes del oficio y menos mal que por la semana tenía que trabajar y eso me iba ayudando un huevo y porque me desintoxicaba y me recomponía un poco. Malos tiempos para la lírica y a eso sonaba mi vida, sonaba a lírica alcohólica y desfasada y con la moral a la altura del subsuelo. Menuda época de mierda y menudo capullo estaba hecho.

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