Yo no me achanto,
yo no me escondo
y doy la cara por tí
y el que me la rompan en mil pedazos,
no me da miedo.
Eso decía hace unos años
ahora, puedo decir lo misma
pero lo diría en voz muy baja
y para que no me rompieran la cara.
Las cosas cambian
y la cordura se va transformando
y el miedo se adhiere a ella
y aumenta a medida que va pasando el tiempo.
Yo de niño
era violencia pura
y porque no tenía otro remedio.
Los "amigos" del barrio
los compañeros de colegio
mi madre
el curita de turno
todos eran dignos representates de esa violencia extrema.
Volaban las hostias por todos lados
y cuando esquivaba la primera venía la segunda
pero siempre me caía la tercera y en forma de bofetada
era un verdadero especialista en esquivar bofetadas
pero las bofetadas nunca se rendían
y si no era la una sería la otra.
Hasta los juegos eran violentos
disparar a pájaros y porque era divertido
disparar a gatos y porque era la moda
apedrear a perros y porque si no te aburrías como lo eras,
como un desgraciado
agredir a burros, cabras, cerdos o gallinas
y porque si no lo hacías
es que no eras un niño de barrio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario