ESCRIBIR QUE LINDO TESORO

 

La verdad, es que tenía unas inmensas ganas de escribir. Me encanta escribir y así recorrer todo mi imaginario habido y por haber y no dejar un cabo suelto y desatar nudos emocionales y saltar muros y como si fuera un niño, que un poco sí lo soy y me gustaría serlo más , pero en éste mundo todo tiene cuotas y planes que poco a poco tendrás que ir cumpliendo y para así llegar al siguiente escalón. Uno cuenta con cierta ventaja cuando escribe, tú eres el que monta el guión y cuando estás en caliente y todo corre como la seda, pues pasa que de vez en cuando salta una chispa cerebral que puede producir un cortocircuito y que a su vez éste puede hacer que te saltes el orden del guión y que sin más te vayas por las ramas del árbol más cercano y en consecuencia, a lo mejor te pierdes por el camino y a lo mejor encuentras otro guión y mucho mejor que el del principio. En realidad, para mi son muy bonitas éstas paradas momentáneas y porque son espontáneas y además no conocen el sentido del peligro. Después y un poco más tarde vuelves a coger el hilo conductor y como si nada hubiera pasado  o como decía hace un rato, te montas en nuevo guión y te lanzas a una nueva aventura. Me fuí pero ya estoy aquí o me fuí pero volví y vuelvo a estar como estaba antes del lapsus y vuelvo a ser el mismo, el mismo pavo que corría sin cabeza por la finca de mi casa. Al pavo previamente se le emborrachaba a base de coñac, decían que le daba mejor textura a la carne y que lo relajaba y l que la ablandaba lo suficiente para poder ser ingerida sin dejarte los dientes en el asunto. Carne relajada en un pavo que circulaba sin cabeza y echando chorros de sangre lanzados desde su cuello. De chaval y la primera vez que lo ví, me impresionó un huevo tener delante ese panorama tan cruel y tan siniestro. Era como cuando mataban a un cerdo y aquél sonido agudo que emitía el pobre cerdo, era tan llamativo y tan penetrante que hasta te erizaba el vello y hasta te ponía la carne de gallina.

De pequeño era un buen amante de los animales, pero no lo era tanto, como para ir salvándoles la vida. Entendía y comprendía que si pudiera salvarle la vida a todos, lo haría sin pensarlo dos veces. Pero matar animales era un norma que no estaba escrita en ningún sitio, pero que estaba incrustada dentro de nuestras cabezas y por la sencilla razón de que era una fuente de alimento. Y de aquellas éramos simples y sencillos y cualquiera le decía que no y por favor indultar a ese bicho y por de aquellas, una simple mirada te mataba. Pero no, no lo hacían y porque sentían que tenían que demostrar que no eran unos pusilánimes acomplejados que iban perdonando vidas y todo, por ser de ciudad. Ellos tenían que demostrar que no estaban poseídos por esa debilidad galopante y que matar era sano y si tenía que correr la sangre que corriera y hasta que el bicho se quedara exhausto y disecado y como si un vampioro les hubiera chupado toda su sangre. Eran tiempos muy difíciles de saber y de entender. Pobres animales, pero claro ahí entraba la barca de Noé y repleta de todo tipo de animales, cerdos, vacas, cabras, burros, gatos, perros, gallinas y gallos y a cada cual más cantidad de maltrato animal.












No hay comentarios:

Publicar un comentario

ESPERANZA E ILUSIÓN

  Y mira que me dieron la tabarra con el puto tema de mi infancia. Me la dieron, me la exigieron, me presionaron de forma que no me darían e...