Hay quién alega que a lo mejor lo que yo digo, no es tan verdad o quie no es una verdad como un puño y una vez buscado ese resquicio simplemente se cuela por él y ¡zas! aparece al otro lado, Magia potagia. No hay demostración de nada y porque meterse por los resquicios no está prohibido y por lo tanto no tiene condena ni castigo. La vida puede ser triste si tú la sientes triste y la vives trite y hasta si la cagaste triste y todo tu mundo se vuelve triste. Yo a veces fuí un tío triste y creo que después de pasado un tiempo, he sabido que lo he sido y porque ese tema ya venía de lejos. por tanto me he demostrado a mi mismo, que siempre tuve antecedentes. La tristeza es un estado emocional que puede perdurar en el tiempo o que puede quedarse en el sitio que le ofreces y porque la has invitado y lo he hecho de un modo muy educado. Yo fuí un tío triste a veces, pero más veces he sido un tío alegre, disfrutón y con unas inmensas ganas de comerme el mundo. Podía estar hundido en el fango, pero a pesar de ese estado siempre he tenido mis buenos ratos. Chispas de buenos ratos, momentos alegres de risas compartidas, miradas cómplices y mucho juego de manos y cuando te descuidabas durante un escaso segundo, ya tenía mis dedos jugando por tu escote y a punto de empezar una investigación en sus profundidades. Siempre fuí un tío rebelde, aunque yo sé que decir rebelde, no tiene porque significar nada y porque la palabra rebelde puede estar usada por un narco, por un policía corrupto, por un militar engreído y hasta por un cura apunto de abusar de un niño. Rebeldes hay muchos y todos pueden ser muy de diversos tipos y a lo mejor el más rebelde del curso de mi colegio, es alguien que de mayor se dedicó a violar niños. No nos engañemos por el dulce murmullo de las palabras. Ni todos somos rebeldes y ni todos los rebeldes son putos inocentes.
Hay demasiado culpable entre las filas de los rebeldes, hay mucho niño inocente, hay demasiada historia para dar y tomar, hay mucha sangre derramada por una causa perdida o por una causa inventada y que más adelante nos daremos cuenta, de que era una puñetera equivocación. Lo nuestro no es lo tuyo ni es lo mío ni de ese que en este momento está pasando por la calle o paseando con su perro o que simplemente pasea porque le encanta pasear y así de simple y así de fácil. No siempre hay culpables, ni mentiras, ni engaños, ni maldades retorcidas. El mundo y la vida son mucho más que eso, a veces vas andando como si flotaras en el aire y como si persiguieras tus propios demonios. Uno a veces busca sus puntos flacos, los profundiza y se mete en ellos y desde allí la vista que uno tiene, es completamente distinta de la que tenemos ahora y para hacernos una visión del mundo lo más correcta posible solemos acudir a la visión que se tiene desde un punto intermedio o sea a media distancia entre un punto y el otro, un punto que esté entre la vida y la muerte, entre ser o no ser, entre el amor y el desamor y entre la distancia que quedó entre los dos. En realidad ese punto no es tan justo y porque lo justo puede estar muy polarizado y entonces, se sitúa en un extremo de esa película que ahora mismo os estoy contando.
Lo justo no es que me muera en este momento y porque lo justo para mí es que no me muera ahora ni nunca y para mi enemigo, sería una causa justa que espiche en este preciso momento. Lo justo depende desde donde lo veas o desde donde lo sientes y por eso se nos hace tan difícil enterdernos los unos con los otros. Lo injusto sería que nadie me escuchara o que no me leyera y porque me he dejado la piel en el intento, y horas, días, semanas y meses.

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