Ojalá pudiera levantar la bandera por todos, pero no puedo y primero, porque no soy amante de las banderas. A lo largo de mi vida, he visto como las banderas hicieron demasiado daño en muchas cabezas y porque en su mayoría arrastraron a demasiados descerebrados que aún encima hicieron peña tras ella. La bandera de la patria, por ejemplo. Las banderas al viento del ejército y todos sus putos homenajes que siempre están bendecidos por la iglesia católica. Homenaje a la bandera y yo me pregunto, ¿como se puede hacer un juramento a un puto trapo?. Pero se hace y todos los que lo hacen, se ponen super contentos y porque han participado en semejante homenaje. Y lo de levantar la bandera por todos, pues pasa que ese todos ya no es tan amplio como lo era antes. Y porque si tu cuerpo se encoge, también se encoge el concepto de todos. No todos caben en el que ahora es mi barco y porque la vida y el paso del tiempo, te hacen ser más selectivo. En mi caso en particular, llevo más de 50 años practicando esa selectividad y para que el final te quedes con 5 personas y como mucho. O sea que con todos no me quedo y porque al final sólo me he quedado con unos cuantos. Y entre una cosa y la otra, tendré que olvidarme de la puta bandera para todos y por eso concluyo, que la bandera es un trapo para algunos como yo. No pretendo insultar a nadie, ni faltar a su principios casi inamovibles, pero esa es mi opinión y mi posicionamiento y a éstas alturas de mi vida, yo doy mi opinión y al que le guste lo que digo, pues es muy sencillo, que se quede conmigo y ya seremos dos y al que no le guste lo que digo, ya sabe por donde está la puerta de salida. Es una ventaja que siempre hemos tenido los viejos y expresas una idea en concreto y si gusta, pues muy bien y si no gusta será por la falta de riego que se produce con la edad. Hay que aprovechar las pocas ventajas que tenemos a nuestro favor y un recurso muy recurrente, es el déficit de riego en el cerebro, la demencia senil progresiva y la pérdida del ridículo.
En un mundo donde todo son pérdidas algunas de ellas serán bienvenidas y hay que saber utilizarlas y porque el mundo que te rodea de cada vez te irá entendiendo menos y en cambio la mala fama siempre se la lleva el viejo y porque se le achaca muchas cosas debidas a su rigidez mental. Y nadie es capaz de ver, toda la rigidez que se tiene hacia los viejos y abuelo no seas niño y abuelo no digas tantas gilipolleces y porque ya no estás en edad de decirlas y tal y como si decir gilipolleces sólo se pueden decir a una edad determinada. Y hoy todo se me desvía hacia la vejez y eso debe de ser porque se me está aproximando el día de mi cumpleaños, que es el día 5 de Febrero y hoy te mando las felicitaciones adelantadas. Al final, le tendré que dar la razón a mi hijo pequeño y porque en su concepto de viejo y como primera condición, se deben tener al menos, 70 años. Y al mismo tiempo que se encorva y se pone a andar a pasitos muy cortitos y como si llevara un bastón en la mano en la que se apoya. 5 de Febrero y seré declarado como un puto viejo. Y esa es mi puta realidad y en la que no es mi deseo convertirme en viejo, pero en éste aspecto paso de mi deseo y me agarro como un clavo ardiendo a esa realidad que no tiene ninguna compasión conmigo ni con mi cuerpo. Total y quiera o quiera, los voy a cumplir igual. Y además ¿que puedo ganar yo diciendo lo contrario?. Ahora los deseos se cumplen menos que antes y también sé que el puto proceso de envejecimiento es inexorable y que no tiene compasión con nadie.
Aunque en realidad lo último que yo quiero es que se compadezcan de mí y que intenten darme consuelo. Yo me siento un viejo orgulloso de serlo. Reivindico mis viejas arrugas, mis bellas ojeras e iba a decir, mis dolores, pero mis dolores me niego a reivindicarlos y porque cualquier tipo de dolor, no se la deseo a nadie y menos me lo deseo a mi mismo. Dicen que dolor nos sirve de aviso y para que no sigas forzando la máquina del cuerpo, pero a éstas alturas de la vida, ya sé como funciona mi cuerpo y para saberlo no necesito recurrir al dolor y para que me imponga límites. Vamos, como decía el otro: "No hace falta beberse un océano de agua, para saber que el agua de mar es salada". O sea que con un poco llega y todo lo demás sobra.

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