ESPERANZA E ILUSIÓN

 

Y mira que me dieron la tabarra con el puto tema de mi infancia. Me la dieron, me la exigieron, me presionaron de forma que no me darían el alta para poder salir de aquella cárcel para locos en que que para mí, se había convertido aquél psiquiátrico. O me escribes la historia de tu infancia o no vas a salir de aquí y la amenaza era más que clara y te volvía a insistir es que si no nunca podrás salir de aquí. Eso tampoco era tan cierto, lo de no poder salir de allí. Pero si esa amenaza te coge bajo de defensas, inseguro y dudando de todo, pues si que te puede causar mucho daño. Pues la tía psicóloga no sabe el puto favor que me hizo y me puse a escribir sobre mi infancia y no encontré nada que llamara mi atención. La psicóloga tampoco encontró nada. Pero ella tenía su idea preconcedida y éste era que por cojones tuve un inmenso sufrimiento en mi infancia y que eso me había causado un trauma feroz. Y de ahí nadie la apeaba. Hizo lo indecible por sacarme lo que ella consideraba un secreto, un secreto bien guardado. Y antes decía que no sabe la psicóloga  el puto favor que me hizo y ese favor fue que por primera vez en mi vida me puse a escribir y me lo tomé tan a pecho que han pasado 13 años y sigo escribiendo y en pocos y escasos días he dejado de hacerlo. La verdad es que le debo un favor. El loquero estaba en las afueras de Barcelona y metido en medio de un precioso pinar. Pero claro, no dejaba de ser un loquero. También me trató un psiquiatra de mierda, un asqueroso, un impresentable agresivo que a la mínima cosa que no fuera de su agrado, se violentaba contigo y hasta llegaba al insulto y a la falta de respeto. Yo a las dos sesiones con él, había decidido no volver y porque la cosa iba acabar muy mal, por no decir, que fatal. Me faltaban dos sesiones con él y en las dos me busqué una coartada para no tener que ir. Creo que una fue por una gastroenteritis y la otra, fue por fiebre y dolor de cabeza. Yo a éste tipo lo hubiera matado con mis propias manos y porque un psiquiatra no puede ir de ese palo. Menudo hijo de la gran puta. Era un puto nazi de mierda vestido de psiquiatra. Creo que  era argentino y si era psiquiatra, entonces todo cuadra.

Y quién no es psiquiatra en Argentina, pues muy pocos o poquísimos. Yo ahora y pasado todo este tiempo, estoy convencido de que se había hecho psiquiatría a la fuerza y por el motivo que fuera Yo ahí ya no entro). No le gustaba ni un huevo tener que indagar en los cocos ajenos y eso se nota y eso se siente y eso se percibe. El pavo era un amargado de mierda  que vivía cabreado con el mundo y que él no tenía la culpa de nada, pero sí que tenía la culpa y por ser un hijo de puta. Él iba para astronauta y se quedó en psiquiatra. Me hubiera gustado tanto volver a encontrarme con él, pero fuera del loquero y para poder partirle la boca libremente y arancarle los huevos de cuajo o como era aquello de la corbata colombiana que se lo hacían a los chivatos y le cortaban la lengua por su base y de nuevo se la introducían por su boca. Pues eso, que yo se lo haría tranquilamente y dejaría su asqueroso cuerpo de rata inmunda a la entrada del loquero y para que todos vieran que a veces hay justicia de la buena. Es de las pocas veces en que me he sentido especialmente violento. Lo mataría cinco veces o diez veces y todas seguidas. O sea, tú vas hecho un puto guiñapo a un loquero y para tratar de volver al redil lo más normalizado posible y va y te encuentras a semejante bicho venenoso y entonces ¿qué haces?. Lo matas allí mismo y sobre su mesa de trabajo o lo matas dentro de tu mente y le haces lo de la corbata colombiana. Pues yo escogí la segunda opción. Y como yo no vivo en Barcelona, pues nunca tuve la posibilidad de encontrármelo. Pero éste tipo de pájaros malos tienen una inmensa sombra que siempre les persigue y debido a la insistencia en su propia maldad, algún día caerán. Bueno esa es mi esperanza y también, mi ilusión.












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