Y me acabo de dar cuenta que hoy es Martes y día 13 de Enero. Martes y 13 y en teoría y según los peores presagios hoy tendría qque ser el culmen de la mala suerte. Pero a mí me encantan los desafíos y voy a poner todas mis fuerzas al servicio de la buena suerte. Bajo mi experiencia los Martes y 13, han sido como cualquier día...pero bueno hay que meterle algo de cuento a la cosa. Y porque si no corremos el riesgo de convertirnos en puro aburrimiento depresivo. Y ya sabemos que pasa con el aburrimiento, el aburrimiento te cubre de niebla que no te deja pensar bien y claramente y la meta del día no se ve tan clara y sin darte cuenta entras en la rebaja de tus metas y entonces empiezas a negociar a la baja. Y bajas la intensidad de tus pensamientos y reduces su número y así empiezas a pensar que tendrás que ir de hora en hora y poniendo pequeñas metas a cada hora. Y eso es un pedazo de trabajera. Y como a mí no me gusta perder el tiempo, pues prefiero elegir el tema de las metas diarias y al final del día, hacer balance y ver en lo que he cumplido y en lo que he fallado y a continuación, pensar en el día siguiente. Todo esto que he dicho, es lo que viene en el libro de las costumbres más saludables a nivel del coco y en cambio en mi practica del día a día, antes lo hacía casi todos los días y ahora muy pocas veces lo hago. Uno y poco a poco se va dejando ir y entonces puedes que empieces de nuevo, con los engaños autocompasivos y primero, te engañarás a ti mismo y después, engañarás a los demás. Todo esto funciona en cadena. La autocompasión es un problema muy serio y porque una vez que te instalas en la autocomplacencia, empezarás a dar vueltas y más vueltas a las cosas, te moverás a base de círculos viciosos. Las obsesiones asomarán su cabeza. La sensación del deber no cumplido, te inundará las neuronas con ese sabor de amarga derrota y que todos conocemos de sobra y al final, capitularás pensando que eres un don nadie que se arrastra por el suelo. Y ahí y mismamente, has arrojado la toalla y has destrozado del todo tu dignidad. Esa rueda la conocemos todos y yo creo que la conozco mucho más de lo que pienso o de lo que quiero reconocer.
Es que uno se va acomodando con el paso de los días y entra en esa dinámica viciosa y peligrosa y desayunas, escribes, comes, vuelves a escribir, cenas, ves una peli y por favor, que sea buena y cuando los párpados están a punto de cerrarse por si sólos, te vas a dormir ipso facto y como si fueras un puto zombi en busca de sangre fresca. Y todo esto en plan automático y como si fueras una puta máquina que ha decidido no pensar demasiado, moverse poco o muy poco, soñar sólo cuando se duerme y no dejar espacio ni para los sentimientos ni para buscarte por tus adentros. Al final, haces las cosas sin pensarlas, sin vivirlas y sin sentirlas. Y ya sé, que todo esto que he dicho es relativo y lo digo porque si no sintiera la vida, no podría escribir sobre ella o si no soñara más por el día, sería casi imposible escribir sobre mis sueños. En ésta vida que nos ha tocado vivir, casi todo es relativo, pero que sea relativo no te tiene que coartar a la hora de que te expreses libremente. Hay que decir las cosas y decirlas libremente y sin dejar que nadie corte tus alas, eso si las tienes. Y cuando digo nadie, es nadie. Y día a día y no hora a hora y porque día a día recoges más datos y además no te vuelves tan loco, cambiando objetivos y métodos para llegar a todos ellos y hacerlo sin descanso a cada hora del día. Y en cambio al final del día y un momento antes de irte para la cama, es para mí es el momento propicio e ideal. Analizas, piensas y decides y entonces decides que mañana será otro día, pero te dormirás pensado que has dejado el plan preparado para el día siguiente.
Insisto que todo esto es pura teoría o es el plan ideal que algunas veces se cumplirá y que muchas más veces, no se hará. Pero ese plan nunca dejará de estar. Y yo lo digo, porque bajo el poder de mi experiencia, que para mí es mucha y que para vosotros puede ser una mierda, bastantes veces tuve que acudir a ese plan y para recomponerme y para volver a entrar en vereda. Cuando uno entra en barrena se desestructura, se descompone y todo el plan se va a tomar por culo y tendrás y sí o sí, que volver al plan inicial y para volver a él, inicialmente tendrás que valerte de la disciplina y hacer las cosas casi militarmente. Y hoy que he hecho y que he hecho bien o mal o que cosas he dejado de hacer y esto y lo otro y para después dar en la tecla y para ir anotando tus fallos, aunque no hay que olvidarse de tus aciertos y porque si no corres el peligro de que tu moral se anule y por meterle exceso de caña y de mea culpa.

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