"FRASES LAPIDARIAS"

 

"Nada es, como lo piensas". Y efectivamente, así es. Piensas que quieres hacer una cosa determinada y lo marcas como objetivo, planificarás los pasos que tendrás que dar para alcanzar ese objetivo ( la táctica al decir de algunos), establecerás unas fechas deteminados, pondrás plazos y todo esto lo puedes hacer muy bonito y todo lo que quieras, pero en cuanto te aparezca la realidad, sabrás que no podrás cumplir con esos plazos y ni a corto ni a largo plazo, que tendrás que cambiar las fechas y porque la realidad te muele con hostias reales y en las que te dolerá hasta el mismo alma. Los planes ya no serán los mismos planes y aunque sigas conservando el mismo objetivo. Y he aquí el gran poder que tiene una pequeña y humilde frase y esa es "Nada es, como lo piensas". Y siguiendo hablando sobre el rollo anterior y recogemos hilo y seguimos y porque me apetece a mí (diría el Trump). Aunque hay realidades que son tan bestiales, que hasta te haga cambiar tu objetivo final y porque te han dado un palo tan grande que durante un tiempo no podrás levantar cabeza y llorarás por las esquinas de la vida  todo afligido y todo descompuesto. Estas cosas ocurren pocas veces y menos mal que son escasas y que si desaparecieran del mapa, tampoco iba a pasar nada. Yo, desde luego y después de haber visto todo lo visto y de haber luchado en millones de batallas vitales y no tan vitales y de haberme dejado la piel con ellas, mi conclusión sería que no hay que pasar por lo malo y lo peor para saber como puede ser lo bueno. No hace falta pasar hambre para saber lo que es el hambre. Yo me ahorraría todo el lado oscuro que tienen todas las cosas que conocemos y las que están por conocer.

Cuando yo me pusé a éste asunto de la escritura, hará como 13 años y medio, me acuerdo que de aquellas odiaba la contundencia de esas frases cortas y precisas, afiladas como navajas, que parecían golpes en la mesa y porque así lo eran y dije, que de aquellas las odiaba y ahora pasados más de 13 años, me reafirmo en ello y porque yo odio muy pocas cosas, pero a las pocas que odio, las odio profundamente y con un asco que te cagas. Odio al fascista que me agrede cada día y no se me ocurre mejor ejemplo, que el Trump de los cojones, odio al violador, al pederasta, al abusador y violador de mujeres, al racista, al imperialista, al que a la vez te odia por ser como eres y seguro que se me ha escapado alguno, pero pasa que ahora mi memoria es más frágil y no tiene la misma capacidad que antes tenía. Y bueno y me perdí por las ramas del árbol y voy a lo que voy y voy que de aquellas odiaba ese tipo de frases y hasta las había bautizado con  un nombre el cual era "frases lapidarias" y para recalcar su fuerte y dura consistencia y su estrechez de miras. Pues pasa que ahora puedo demostrar como uno cambia con el paso del tiempo y ahora me encantan y porque les he visto su cara buena. Yo de aquellas solo les veía sus putas limitaciones, que las tienen y ¿como no las a tener? si uno quiere resumir en 3 palabras lo que otros tendrían que decir a lo largo de todo un puto libro o por lo menos y para no resultar tan exagerado, a lo largo de un capítulo de libro. 3 o 5 palabras equivalentes a 1.000 palabras y a veces 1.000 son más confusas que 5 palabras.

He cambiado de idea y por supuesto me puse las pilas para poder cambiar de idea. "Si no hay voluntad de cambio, no hay cambio". Y como podéis comprobar sigo metido en las frases cortas y contundentes. "Frases lapidarias" les llamaba y les llamaba así, porque sólo les miraba desde un ángulo o una perspectiva determinada y esa era que sólo les buscaba sus límites. Sus límites y sus límites son los que tiene el intentar condensar todo en una diminuta frase de mierda. Ahora y en éste mismo momento, me da igual observar sus límites y porque además, no pasa nada porque uno tenga límites. O acaso todos somos universales y tenemos vistas al universo y somos universalmente buenos y nos comemos la boca y nos tocamos el culo. Pues si no lo somos (que lo somos) admitamos que en todo lo que hacemos tenemos nuestras propias limitaciones y porque no todo va a ser vivir en un universo paralelo o en otra dimensión o bajo el potente efecto de alguna droga alucinógena. Hay que saber mirar tanto para arriba como para abajo y para todos los lados que nos restan. Nadie nació sabido y con todo su aprendizaje aprendido de antemano. Uno no nace con todo y a medida que va creciendo tendrá que seguir luchando y rompiendo moles y buscando otros objetivos posibles e imposibles.
















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