LÁGRIMA Y MAR

 

Al final triunfó la lógica aplastante y me dormí justo antes de comer. A las 14,30 y me quedé dormido como un bebé. Y ahora son justo las 18 horas y mi cuenta definitiva es que he dormido 3 horas y media y espero que con ese me llegue. Yo espero muchas cosas pero porque mi vena dominante es optimista y porque mis ganas son inmensas y son enormes. Me sobran ganas pero aún así tengo hambre de más . Hay un tema que lo tengo muy claro, desde luego por dinero no es. Me gusta sentirme así y así de pletórico. Y puede que mañana sea otro, pero hoy me reconozco como persona que ama la vida y que lucha en muchas batallas y en muchos frentes y con el único objetivo de ser mejor persona. Ya dije antes que por pasta no es. Y será más para conocerme mejor y llevo escribiendo 13 o 14 años y manda carallo y porque sigo aprendiendo de lo que escribo. Mi terapia es escribir y en eso se basa el porqué yo escribo. Es bueno saberlo y es sano y saludable.  Yo sé que es una terapia de andar por casa y porque sin salir de mi casa yo sé que poco a poco me estoy curando. A medida que me vacío de cosas me van creciendo otras nuevas y es un círculo pero no es un círculo vicioso, y es...como mejor decirlo, es un círculo reproductivo y salen cosas y se reproducen otras nuevas. Desde luego, vacío nunca me encuentro y porque por dentro tengo una auténtica jungla donde todo funciona sin que una cosa moleste a la otra y a las demás. Soy un multimillonario de historias, poemas y cuentos y esa es mi verdadera riqueza. Tengo letras bajo las tejas y palabras que salen desde todos mis rincones y hermosos poemas que viven escondidos dentro de mi alma.

A veces me duele tanto el alma que necesitaría llorar y hasta quedarme sin lágrimas. De todas formas no es mi fuerte el tema de llorar. Llorar me cuesta un huevo, pero siempre me costó y salvo una época de unos 5 años, en que lloraba por cualquier cosa o tontería, en el resto de mi vida, llorar fue una utopía inacanzable. Y como utopía que casi siempre fue, mis deseos de llorar iban en aumento. Quizá fue mi madre la que me enseñó a no llorar y cuando era un enano lleno de mocos, pues pasaba que por cada lágrima que recorría mi mejilla, ella me obsequiaba con una buena hostia en la cara. Y así de rápido aprendí a contener mis lágrimas y a la vez que iba aprendiendo a llorar el seco. Creo que también aprendí a llorar por mis adentros y por eso sólo lo notaba yo. Como ya dije, método rápido y contundente. Y no sabéis lo que echo de menos el viejo sabor de una lágrima. Creo que era algo salado y no me acuerdo de más. Pero yo que soy un terco de mil pares de cojones, estoy convencido que antes de que me vaya para el otro barrio, volveré a probar el sabor de una lágrima. Creo recordar que lágrima y mar, se parecen mucho.













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