Domingo 25 de Enero. Y me quedan 10 días para mi cumpleaños y serán 70 tacos del ala. 70 tacos que se dice pronto y no sé si estaré mjor que cuando cumplí 60 años pero creo más o menos por ahí estaré. Cuando cumplí los 60 estaba eufórico y pletórico y con mi lema ya lo decía todo, "la vida empieza a los 60 años". Y 10 años después, pude comprobar que la vida no empezó a los 60 años y había empezado mucho antes y cuando fueron naciendo mis tres hijos. Ahora con la perspectiva que uno tiene, puedo asegurar que la vida empezó hace 29 años, pero de aquellas no me había enterado y porque ya se sabe que los hijos requieren toda tu atención y tres hijos seguidos que ahora mismo tienen 29, 28 y 27 años, pues la requirieron toda mi atención y la de su madre...pero muchísimo más. La requirieron toda y creo que más de la que les pude dar. De todas formas eso de que la vida empezó a los 60 años o cuando nacieron mis hijos, no hay que tomarlo tan a pecho y tan literal y tan al pie de la letra. Yo, tenía vida anteriormente y no era un puto desgraciado que me arrastraba como un gusano dentro de una gusanera. En general yo tuve siempre mucha vida, exceso de vida y ese mismo exceso a veces me llevó a querer abrazar lo más negro y creo que algunas veces, fue por exceso de rebosamiento o por pasarme varios pueblos. De toda la vida me moví perfectamente en medios oscuros y negros. Ya me entendéis, nunca fue todo tan perfectamente, pero digamos que siempre estuve inclinado hacia el lado más positivo que nos brinda la vida.
Desde muy niño siempre me moví en ambientes hostiles, agresivos y bastante patéticos. En mi infancia hay tres hechos que destacan sobre los demás. Uno fue mi madre, que era agresiva, violenta, envidiosa y controladora. El segundo, fue ese barrio donde vivía que padecía casi de lo mismo de lo que me ofrecía mi madre, ambiente agresivo y demasiado violento, el control obsesivo y opresivo al que te sometía aquella pandi de barrio y que te marcaba las pautas y hasta donde podías llegar en el día a día. Y en mi barrio siempre viví con esa espada de Damoclés que me decía: éste es tu barrio y al cual perteneces y no te salgas por la tangente y porque sencillamente sufrirás las consecuencias y te daremos de hostias hasta que te enteres y de una puta vez por todas, que tendrás que cumplir esas normas no escritas de pandi de barrio. Y aunque no me las saltara y porque nunca lo hice, ese aviso dejaba entrever que fuera como fuera, había que apoyar a aquella pandi de impresentables. O sea que nunca podías estar en su contra y que siempre tenías que estar a su favor. Era imposible pasar de ellos y si aún así lo hacías, te esperaban en cualquier esquina del barrio o en el recorrido hasta el colegio y allí te ponían bonito. Y ya me olvidaba del tercer hecho que me marcó. Y ese fue, mi paso por un colegio religioso y excesivamente casposo y como aquellos curitas con aspecto de cuervos negros, siguieron en la misma brecha agresiva, faltona y siempre adornada de abusos a menores y entre los cuales estuve incluído. Pero a pesar de que éste tercer hecho también tuvo su peso, creo de entre todos ellos, fue el que menos me lastimó y me marcó y quizás sea porque de estos curitas mitad perversos abusadores y mitad hijos de puta, me esperaba un comportamiento peor por su parte de lo que realmente fue. Que uno o dos curitas me tocaran mi lindo culito, tampoco me sorprendía mucho y porque ya sabía previamente de que palo iban y entonces, todos estos hechos deleznables y abusadores, tampoco me sorprendieron tanto.
Mi madre fue la madre que me tocó y como ya he dicho un buen montón de veces y sus hechos como madre todas fueron muy negativos, pues como todo esto ya he dicho repetidas veces, pues ahora digo que no me pasaré más tiempo revolcándome en su mierda de madre agresiva, faltona y carente de cariño. La palabra cariño no estaba en el diccionario de mi madre. De la pandi de mi barrio creo que era como las demás pandis de barrio, violenta e imperaba la ley del más fuerte y del que cometiera la mayor cafrada y la mayor animalada y ese iba a ser nuestro héroe. El jefe de mi pandi y que precisamente no se elegía democráticamente, se hizo jefe y porque fue el único de la pandi que fue capaz de darle por el culo a una cabra y nosotros estábamos de testigos de ese acto maléfico y esa atrocidad y brutalidad sumaba los puntos suficientes, para que fuera el puto jefe. Así éramos de bestias y más animales que la puta cabra. En realidad la pandi no servía para nada, salvo para marcar territorio y para ser más brutos y más salvajes que el resto de las pandis. Eran tiempos difíciles, eran tiempos de franquismo y en esos tiempos no cabía la solidaridad con nadie, ni respetar el medio ambiente y/o a los animales, ni hablar de los sentimientos...y porque eso era cosa de muy maricones.

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