Yo me imagino cosas y porque para eso tenemos la imaginación que nos hace imaginar cosas. Eso si la activas correctamente y sabes a que botón hay que darle. Pero esto que puede parecer muy sencillo, realmente no lo es tanto y para saber que botón es, has tenido que forjarte un inmenso pasado, has tenido que arañarlo, pellizcarlo, pelearlo, dejarte la piel en el camino, enterrar a algunos amigos y encontrarte con otros, hablar con gente que ni se merecía un saludo, saludar al enemigo, perder en mil batallas y ganar en otras, amar hasta la locura y hasta perderte por bosques que en teoría ya habías estado y si llevabas encima el móvil, pues llamabas a alguien para que te viniera a salvar. La mayoría de veces que me perdí en esta vida, fue por ser imprudente, tengo el defecto de ser imprudente. Ahora bien, hay una parte de esa imprudencia que reivindico y porque gracias a ella he descubierto lugares y personas maravillosas y mágicas. Un punto de curiosidad y de imprudencia siempre se debe tener. En ésta vida el que no arriesga algo por el camino se queda. Aunque debo de reconocer que para mí el riesgo es una cosa que siempre me gustó y tanto me gustó que de cada vez le fuí cogiendo más gusto. Y ahora no sé muy bien en que punto estoy de esa película y porque a veces dudo de si me gusta, de si me encanta, de si me estoy colgando del riesgo y eso significa que para mí es una auténtica droga dura que cabalga por mis venas. Yo si más adelante volviera a nacer (cosa que dudo), me hubiera encantado practicar deportes de riesgo, de alto riesgo. En los deportes que practicaba de niño, para mí andar en bici era un deporte de riesgo y porque me encantaba meterme por senderos impraticables que estaban llenos de riesgos y de unas hermosas y lindas piedras. Me encantaba ese riesgo y tengo que decir que ahora mismo, no recuerdo haber tenido ningún accidente. Aunque también recuerdo que jugando de portero de fútbol empecé a olisquear el miedo y ponerte delante de un contrario que venía a toda hostia y como si fuera un Búfalo echando humo por la boca, pues pasó que ya no me sentí tan valiente como antes creía.
Alguna vez más me pasó a lo largo de mi puñetera vida. En mis épocas de revolucionario impertinente, tuve alguna más. Una fue cuando caí con mis pies en la cárcel, pero no fue en la cárcel y fue justamente antes y cuando me interrogaron durante 72 horas seguidas. Y ahí si que pasé miedo, terror y pavor. En la cárcel no, la cárcel fue un chollo para mí y porque estabas acompañado de unos cuantos pirados como tú. Yo, la cárcel la disfruté y hasta me sentí algo importante, era un preso político que no cantó por soleares. Ni un nombre, ni un hecho y ningún dato que les sirviera de algo. Y cuando tienes 18 años y una causa por la que no darías la vida pero casi, ese es un hecho del que no tenía precedentes y no sabía muy bien como digerirlo. Estaba orgulloso como un pavo real. Después tuve alguna más, en alguna manifestación y como fueron tantas no me acuerdo de ninguna en concreto. Mi memoria es humana y yo soy el humano que la cuida y que se hace cargo de ella. Pero desde luego, no es una memoria prodigiosa, ni es para mostrarla con todo mi orgullo. Es una memoria de andar por casa.
Trabajando como Médico de emergencias tuve unos cuantos tropiezos más, pero tampoco fueron tantos. Digamos que yo en cuanto me enfundaba el uniforme de médico, siempre hice y no sé como lo hice, que el miedo en mí dejara de existir. Llámale mecanismo de defensa o de autoprotección pero gracias a eso casi no pasé miedo y eso que curraba rodeado de riesgo por todos lados. Recuerdo especialmente, el primer día en que trabajé en un servicio de urgencias y como iba lleno de chuletas y de sudor de manos que no me abandonó en toda la noche. Cagado es decir poco. No paré de ver un ventanuco que estaba en mi habitación y lo veía como mi vía de escape o de fuga y para no volver nunca más a trabajar de médico de urgencias. Pero al final, no lo hice y aún sigo preguntándome el porqué. Supongo que ese porqué era muy primario y entonces un médico de urgencias que se precie, no debe doblegarse ante nada ni ante nadie.

No hay comentarios:
Publicar un comentario