Y habría que haberse analizado


 Y habría que haberse analizado y a fondo y antes de que fuera demasiado tarde. Hoy de nuevo mi vieja memoria me sorprendió y hoy por la mañana y fue de repente, acudió a mi cerebro una canción infumable que no sé ni quién la cantaba, ni que letra tenía y entonces es cuando te preguntas ¿a la memoria porque le gusta tanto dar éste tipo de poñaladas traperas?. Yo nunca me había fijado en ésta canción de mierda, ni siquiera había llamado mi atención...pero debe de ser que la memoria funciona por si sóla o va por libre y a su puto pedo. Pues sí, está mañana la memoria me sorprendió con un estribillo que después, se convirtió en repetitivo y hasta la extenuación y tengo claro que hoy en todo el día lo seguiré sufriendo como una puta tortura. El dichoso estribillo decía: "Y yo soy el hombre y tú mi mujer"... y ya no me acuerdo de más. Claro que ahora podía acabar y a mi manera, ese puto estribillo de mierda: "Y yo soy el hombre y tú mi mujer y puede que esta noche acabemos follando hasta el amanecer". Se nota que soy un poco guarrete y que a todo le doy un poco. La memoria es un asesino muy selectivo y sabe de tus puntos flacos y donde te duele más y por eso a veces y una de éstas veces ha sido esta y va y te ataca por el flanco más débil y no te deja echo papilla porque en definitiva, tampoco es para tanto. Al parecer la memoria tiene mucho humor negro. La memoria está plagada de música, de viejas canciones o de diminutos estribillos de canciones que por suerte, suelen ser bonitas y entrañables y no como éste bodrio que os acabo de contar. Escuchas una canción determinada y salta la liebre o un momento que suele ser especialmente bueno y de repente estás viviendo aquél momento y como si aún estuvieras allí y sin saber como decirle como la querías y al mismo tiempo, valorando los efectos colaterales de esa toma de decisión. La verdad es que el desconocimiento que uno tenía en aquellos viejos tiempos, era tan enorme como un océano y la duda, la gran duda te corroía las entrañas de tal manera, que te inundaba de sudores fríos y de temores. 

La vieja música me ha hecho volver a muchos sitios: a cuando se hacían los guateques y se bailaba en plan arrimado y cada centímetro ganado hacia el otro cuerpo, era extraordinariamente importante, era el sumun de la película y es que el roce era un derecho adquirido que tampoco lo era y que a veces salía bien y que en otras, salía fatal. Y entonces había que empezar de nuevo y añadiendo al nuevo intento algo que y¡te habías olvidado de decir y porque comerse palabras era de lo más evidente o cambiar el sentido de la conversación o dar un puto giro a la música. Otras veces la vieja música de aquella canción me trasladaba una hermosa playa y juntos los dos nos comíamos la boca a dentelladas y para que todo fuera más perfecto... al fondo y como telón de fondo se veía una preciosa puesta de sol y con todos su juego de luces. Algunas otras veces, me llevaba de acampado, me encendía una hoguera bajo uno de los más hermosos pinares que he visto en mi vida. De noche me iluminaba de estrellas y me dormía con el sonido de las olas. A la mañana siguiente, era otra persona. Habia y hay un inmenso amor entre mi música y mis mejores recuerdos. También me llevó de viaje y lo hizo bastantes veces a Santiago de Compostela y en mi mejor época de estudiante. Ahí en esa época volví a revivir en parte gracias a la música y gracias a ella recuerdo lugares que para mí, fueron espectaculares, a Praza da Quintana, a Praza de Mercado de Abastos, su hermosa y coqueta Alameda y como me perdía bajo la lluvia, en sus callejones sin salida. Ah y claro está, en el tejado de la Catedral y con vistas a la ciudad y al canuto que a continuación te ibas a fumar. En todos mis mejores recuerdos tengo canciones, estribillos, trozos de canciones, solos de guitarra o de piano... y todos y absolutamente todos, me suenan a música celestial.














 

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