A veces se sienten cosas sin saber porque las sientes y de repente te dices ¿y porqué estoy sintiendo esto?. ¡Ah! sorpresa, si tú no lo sabes yo tampoco te lo diré y además para joderte un poco más, te dejo de regalo ese sensación amarga y ácida que tienes en el paladar de tu boca. Un mal sueño, digo yo y lo digo al mismo tiempo que trago saliva y para intentar apaciguar la amarga acidez de mi boca. ¿Y como se coló esa tía dentro de mi cabeza?, si la historia que tuvimos se murió hace muchísimo tiempo y bla, bla, blá...Pero así son las cosas y el tema es el que es y tienes delante de tí un mal recuerdo y una visión que nunca quisiste tener. Tampoco pasa tanto y tampoco te vas a quitar la vida por ello, ni te va a joder el día, ni siquiera vas a tener que presentar un parte de lesiones, ni vas a entrar en una profunda depresión de caballo...y porque en el fondo sabes muy bien que aquello es agua pasada. Dicen que las cosas ocurren por alguna razón que no llegamos a entender del todo, pero lo que yo sé, es que casi todas tiene la intención de causarte daño. Puede que esto sea un arma invisible del mal y porque hay que estar dotado de la maldad más cruda y más sanguinaria para dejarte un recado como éste. Menos mal que son ataques que sufres de vez en cuando y puede que sean dos o tres al mes, ¡pero que dos o tres!. Y como no puedes estar en estado permanente de vigía y con la escopeta cargada y porque eso cansa y además agota, pues te dejas llevar un poco y por tanto te relajas y hasta que sufres un ataque de este tipo y te ves obligado a evaluar los daños que como ya he dicho, tampoco son los fueron en sus tiempos. Hay daños, claro que hay daños, pero se producen sin causar un hundimiento del barco, aunque por un momento hace que tiemble tu línea de flotación y se tambalee un poco el barco. O sea hay daños estructurales pero todos son reparables y una hora después de sufrir este vil ataque, ya estás manos a la obra y para reconstruir las murallas de tu castillo. Hay que ver las cosas desde todos los ángulos y desde todas las posiciones y para poder evaluar mejor los pequeños daños producidos y hacer un recuento de ellos: rabia contenida, una ligera inquietud que parece una brisa en la cara, un pequeño desequilibrio de mente y de ideas y unas ganas inmensas de venganza.
Para mí esa historia de la que hablo se murió hace como 35 años y allí se quedó enterrada y se quedó con el hacha de guerra en sus manos. Y fue una mala historia y se mire por donde se mire. Como se dice ahora, una relación tóxica, enormemente tóxica que acabó fatal. Más o menos como suelen acabar todas las relaciones tóxicas. Peor es imposible. Pero como pasa siempre uno de los dos sale peor parado y yo al principio fuí la víctima, pero al mes cambiaron las tornas y empecé a sentir ese aire de libertad en mi cara y la verdad es que no quise saber más de su vida. Al principio y tengo que decirlo, lo pasé muy mal y porque necesitaba explicaciones a todo lo que nos estaba sucediendo y ella no las necesitaba para nada y eso en teoría, produjo un choque de trenes y que por cierto, nunca se llegó a producir. Y menos mal, me digo ahora. Es lo único que le puedo agradecer. Porque ese choque de trenes nos hubiera llevado a un terreno más faltón y agresivo y que aumentara de forma exponencial nuestra sed de venganza. Y eso no hubiera sido bueno para el cuerpo, ni para el de ella, ni para el mío. Digamos que por mi parte al mes ya había recuperado mi tono vital y ella ya no estaba en mi día a día. Desapareció tal como había entrado en mi vida o sea, de un día para otro. En realidad después de 5 años de relación, es demasiado triste que uno llegue a la conclusión de que una de las mejores cosas que me han pasado en ésta vida, es que se rompiera aquella relación tan cutre y tan macabra. 5 años más tirados por la borda. Pero a mí ahora me gusta ver la botella medio llena y no medio vacía y por eso tengo que agradecer que saliera más o menos entero y con la dignidad medio conservada, que las ganas de vivir no me las aniquilara y ni de lejos, que en parte soy lo soy y también lo soy gracias a ella, que por momentos sufrí como un condenado pero que en su conjunto y a modo de conclusión, empecé de nuevo a levantar vuelo. Y por eso aquí estoy y aquí y ahora.

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