Yo no le digo a nadie
Oye échame una mano
y no lo hago
porque de momento no necesito a nadie
y menos para que tuviera que oír mis penas
y para que se acabara ahogando en un vaso de lágrimas.
Primero,
porque ahora, estoy de dulce
y por mucho daño que me hagan
ese exceso de daño me resbala
y no me paro a paladear lo amargo del momento
ni tan siquiera tapo mis agujeros de bala
yo sigo y sigo para adelante
y ni siquiera veo si tengo a alguien a mi lado
y porque voy de frente y con la frente bien alta.
Cada uno tiene sus propios mecanismos de defensa
y un día, no hace mucho, yo decidí
no sufrir más y desde ese mismo día
no siento, no padezco,
nada o casi nada me duele
y si me duele algo, será un rato
no corren mis lágrimas por mis mejillas
no lamo mis heridas
no saldrá un quejido por mi boca
no busco un pozo donde hundirme y hasta el cuello y la boca
ni quiero un hombro donde apoyarme
y es que con todo puedo
voy de sobrado
y todo me sobra
y lo que me duele
me dolerá un día o a lo sumo dos
y porque ese es mi plazo
para dolerme y llorarme.
Al tercer día diré
borrón y cuenta nueva
y ¿que era aquello que me hacía tanto daño?

No hay comentarios:
Publicar un comentario